lunes, noviembre 02, 2009

Maison au soleil


Del otro lado del planeta, de la varita de Chantal, del cerro Concepción, me llegan Marta y Giovanni. Durante dos días me malcrían y me atiborran de dulces y de teatro, de jerga chilena y de historias del exilio. Yo los paseo por Cádiz y por El Puerto, los monto en mi barquito (las gaviotas descansan flotantes en el Atlántico y las comparamos con las de Valparaiso, en tamaño y graznido las gaviotas gaditanas son menos amenazantes y más pajaritos), me siento en el suelo con la chiquillería para ver al payaso sobrino moral de Chacovachi mientras ellos se quedan detrás en un banco de la plaza, como si hubieran llevado a la niña de paseo, los espero hundida en los sillones para siete del vestíbulo del hotel, abomino de la obra peruana, me bebo su cariño, coqueteo con la idea del viajero retornado que recibe a los emisarios extranjeros y coqueteo con la idea de volver a la carretera con mi maleta verde destrozada. Me pido paz y me pido enterrar la duda en un tiesto de geranios, hasta el verano. Me pido una casa al sol, me pido dejar de ser una traductora que no traduce, una escritora que no escribe, una cantante que no canta, una amante que no ama. Y que vengan a verme, todos a los que yo visité, todos a los que encontré en el camino, todos a los que quiero, mi sangre, porque hasta el solsticio, Loulou se queda.

2 comentarios:

Pablo dijo...

¿Viste? Como a todos los que elegimos ser río, cada tanto nos suceden temporadas de laguna. Feliz desembocadura, Loulou.

filemon1970 dijo...

pues claro que sí, Loulou revisited, incluso, algunas veces, se cumplen