martes, noviembre 03, 2009

Oma Fiets

Hoy me encontré por casualidad con mi prima en un cruce cuando me bajaba del autobús y le robé la bicicleta, llegaba tarde a la presentación del curso de jazz. Atravesé Cádiz con esa predisposición a la atracción gravitatoria que tengo con coches, furgonetas, carritos de bebés, bolardos del cordón de la vereda. Hacía tanto tiempo que no montaba que me acordé de mi bicicleta holandesa, gris, medio oxidada, antigua, pesada, armatoste, de paseo. Me la encontré tirada en la calle en Tilburg, con la rueda de delante doblada y la cadena rota. Andrés y Dani me la arreglaron en el salón de aquella casa desastre en la que vivíamos y la monté todo el verano, los domingos lejos, entre semana al volver de la oficina me iba a la peatonal cuando yo habían cerrado las tiendas y pedaleaba arriba y abajo de la calle, aunque lloviera. En bici iba a comprar el pan, en bici me acercaba al mercadillo de libros usados, en bici me escapaba de aquella habitación Trainspotting en la que cada noche dormía sobre tres cojines en el suelo. Me tuve que acostumbrar a frenar dándole a los pedales hacia atrás, a anudarme un trozo de tela (granate) en el tobillo para no llenarme de grasa (fracasé, todavía me queda un pantalón de chándal en Bariloche manchado como recuerdo). Le tomé mucho cariño a aquella máquina que podía tener perfectamente cincuenta años. Me gustaría saber quién la tendrá ahora, si la querrá tanto como yo, lo digo aún a riesgo de parecer una letra de ranchera.

2 comentarios:

Acercandra dijo...

Un problema: me he hecho adicta a tu po(st)esía prosética. Me relembras toooooda una etapa de mi vida, amsterdam y piso trainspotting incluídos.
cambia todo cambia
ciao

Loulou dijo...

Ay, sí, gracias.
Sí que cambia, el cielo sea loado.