lunes, noviembre 09, 2009

Recuerdos chilotes

Sopla el Poniente y de pronto, en noviembre, el otoño. Me encaramo al altillo a ver qué jerséis dejé hace quizá tres años, no puedo fechar, no llevo bien la paleontología de las mudanzas y las maletas removidas, pero sí llevo bien la cuenta de lo que hay en mi única valija traída de Madrid (mi verde salvadora belga): sólo rebequitas y un par de chaquetas nocturnas. Encuentro el jersey de cuello vuelto que Cristina me regaló en Chiloé, aquella vez que en transbordador nos cruzamos a la isla, mi primer océano Pacífico. Como todas esas cosas que guardas en altillos ajenos y que encuentras al cabo de los trabajos y los días, el jersey es una madalenita de Proust, si tiras de la hebra te salen diez tomos. Ahora sólo quiero dejar a la sombra de la muchacha en flor que fui los caracoles morados que recogí en la playa, las señoras tejiendo en la calle, el gato de lana que compramos en Ancud y que fue el primer Calígula aunque estuviera relleno de relleno, el frío de mar nocturno, las tejuelas de alerce de las casas alemanas, los tés con kuchen, el volcán Osorno desde El Frutillar, un paseo que dimos en un cochecito a pedales que fue más thomasmanniano que nicolasparriano, la señora despeinadísima que nos alquiló las habitaciones y su salón abigarrado, el carabinero felicísimo de fecharme el pasaporte con el sello multicolor de los chilenos en el Paso (fui su primera española), lo feliz y nuevo que era todo al cruzar los Andes.

4 comentarios:

Almirante Margarito dijo...

Bellísimas fotos. Bellísimas.

PS: No es que le pida explicaciones, que no corresponde, pero acabo de advertir que estoy linkeado bajo el desconcertante título de "Conyugalidad posible"...

Loulou dijo...

Yo se las doy, de todas maneras, de manera sencilla: su conyugalidad (palabra inexistente pero hermosa, ¿no?) es la demostración de que no todas las conyugalidades son un desastre, y se la envidio con fruición.

Loulou dijo...

Pero si le desconcierta mucho, cambiamos.

Almirante Margarito dijo...

Pero no, por favor, faltaba más. Además es muy halagador.