martes, noviembre 24, 2009

Voces y daños


Canto. Sentada y sin sentimiento, canto. El profesor me oye y me mira y me pregunta si me ha gustado cómo he cantado. Le digo que no, que no me sé muy bien la canción y que la canté de cualquier manera. Dice que a él le ha encantado y que no me va a poder enseñar a cantar mejor. Dice que mañana me suba con ellos al escenario. El profesor usa su voz para decirme que canto bonito y que es emocionante la emoción con la que canto. Yo lo oigo y lo miro y entre algodones internos se me estremece de agradecimiento ese corazón que tengo hoy tan machacado porque otras personas eligieron usar su voz para decirme daños bastante distintos, daños malvados, daños. En el camino hasta la clase caminé la Alameda Apodaca, de reojo miré el océano mi mar, mi mar mío, buscándome momentos míos de saña furor enojo ciego lo que diga la RAE para intentar comprender esa saña furor enojo ciego en los otros que decidieron escupir ahí en vez de contar uno dos tres cuatro. Calibro y veo que desde el dolor etcétera. Calibro y decido que con la voz es mejor cantar aunque sea sentada y sin sentimiento o decir en fin a vuestras manos he venido, decir que sólo con que tú borrases una las borraba yo todas. Calibro la importancia de calibrar bien la voz, apunten fuego. Nunca, nunca más un daño nacido de mi boca, nunca, nunca más un daño que no pueda vomitarse hermoso en forma de canción dañada dolida doliente. Nunca, nunca más voces y daños. 

No hay comentarios: