jueves, diciembre 17, 2009

Cerámica Bariloche


Hay días como este día de tarde en que ni siquiera esos cinco segundos de la obertura de la partita cuarta me andan. He estado buscando mi paquetito de Cerámica Bariloche, ése en el que tan bien me envolvieron el juego de té que compré las navidades pasadas, cuando ya sabía que me iba, cuando me quedaba un poquito de arresto para hacer apuestas a una casa futura, mía y de la tetera y de Calígula. El paquete sigue sin desenvolver, en su bolsa roja. Yo sigo sin desenvolver, en mi bolsa crisálida. Siempre uso esa maldita tetera barilochense como metáfora de algo que soy yo teniendo una vida que no fueran esos fuegos artificiales decepcionantes que me siento ser en días como este día de tarde, como metáfora de vida en la que esos cinco segundos de partita y el té tengan un sentido más allá del sentido de ser ellos mismos en una tarde, rodeándome. Y es absurdo eso del sentido, ya lo sé, tienen más sentido el té y el piano per se y que en este momento en que me ahogo de desorientación me llamen desde Munich para decirme que se acordaron de mí, me llegue un paquete con unas hermosas sandalias marroquís y todas las sinfonías de Mahler versión Boulez dentro. Mi juego de té podrá permanecer envuelto y encerrado en su paquete rojo hasta que yo me decida a romper tanta espera absurda, pero yo, plantita cuyo Plantavit es el afecto, debería tirar por la borda tanto cardumen y écloser mon pourpre au soleil.

2 comentarios:

Curro dijo...

Estamos tan hartos de querernos buscar que ni nos encontramos ni nos dejamos encontrar.

¿Has probado a buscar el afecto en las personas que te lo damos gratis?

Pablo dijo...

Bien sûr (el circunflejo se toca risoluto con brio)