miércoles, diciembre 16, 2009

La sorcière


En clase de armonía soy la única mujer, y hoy, mientras el profesor invertía tritonos, me preguntaba, y era porque se me descamaba el endometrio y a nadie más en la clase se le podía descamar el endometrio, o a lo mejor era por el empacho de Michelet. El caso es que me preguntaba, y no he encontrado respuesta, pero sí una desazón rayana en el vértigo del descreímiento mientras escuchaba Jeannine, nombre de mujer. Me puse a pensar en si Duke Pearson se habría enamorado de la tal Jeannine o si Jeannine sería la hija de la portera de su edificio o una gata que tuvo de pequeño o su maestra de parvulitos o una hermana que murió a los quince de sarampión, en si Jeannine sabría contar los cincuenta y seis compases de su canción, en cómo lo miraría a Duke desde su mecedora mientras él buscaba acordes en el piano y a ella se le descamaba el endometrio. No sé, me pregunto si Jeannine se preguntaba por qué ese la bemol menor séptima.

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