martes, diciembre 15, 2009

Luces en los árboles


Es diciembre y hace frío, dos proposiciones que no unía con conjunción copulativa hace tiempo. Hay luces en los árboles, puestos de castañas y boniatos asados, platos de pestiños y polvorones sobre las mesas de todas las casas, llevo guantes, gorro y bufanda, ni siquiera tengo que volver a casa por navidad porque ya vuelvo cada vez que vuelvo de la calle a la casa helada de mis padres, aquí en los sures no hay calefacción y tienes que ir igual de vestido fuera que dentro. Desde que he abierto la carpeta con mis pruebas de grabado extraño Avenida de Mayo como loca y me acuerdo de mi estufa catalítica en el pasillo que irradiaba amor combustionado para toda la casita, aunque en esta época del año estaba apagadísima. Buenos Aires en diciembre era muchas cosas que no eran sólo el calor y la navidad en manga corta, pero ahora para no armar más quilombo en mi destemplada cabecita, de lo que me quiero acordar es de un diciembre sin manera de pasar este frío, un diciembre como mi diciembre en Aduana, de volver a casa y encontrar a Calígula ronroneador tras la puerta de cristales amarillos, dentro del calor de nuestra casa sólo del gato y mía, dentro de aquel invierno cálido de mis almohadones y mis colchas y mis teteras y mis libros y los radiadores pintados de azul, mi invierno de termostato perennemente encendido. Entonces también había luces en los árboles, pero ese año no quise volver a casa por navidad y me castigaron los hados: me pasé el 25 sola en urgencias, esperando a que me cosieran la mano que me tajée con un espejo Borges que dejó él en Aduana, después de que los policías de la comisaría de Montera al levantarme el vendaje compresivo casero cuando bajé a preguntarles dónde había un hospital insistieran en meterme en una ambulancia. Seis puntos en Madrid me dio un doctor porteño, de Gallo y Charcas, seis puntos que diez días más tarde me quitaría otro médico porteño en Buenos Aires, a catorce cuadras de Gallo y Charcas, donde también había luces en los árboles pero no había ni pestiños ni boniatos ni Calígula ni amor combustionado.

1 comentario:

Curro dijo...

Si todos van a ser así, deja de darte regalos de Reyes.