viernes, diciembre 04, 2009

Mezcal


Así como he venido, con una rabia rompedora, me instalo en la silla del bar con mis amigas. Estoy en Madrid, en la mezcalería, rodeada de gente conocida y de gente desconocida, y es que he adoptado el mezcal como licor de duelo para esta temporada. El dueño ceceador del lugar me conoce de otras ocasiones y de otros lugares, y consiente en quitar la música para que yo me desgarre de despecho durante los tres minutos veinte que dura una ranchera. El encono de las rancheras no es rabioso, es triste y derrotado, es difícil de comprender ese estado en el que alguien brama su dolor y se mesa los cabellos frente al malhechor o el descuidado: no sirve de nada, es sólo una demostración gratuita, patética, en el sentido de que sólo quiere vomitar su pathos. Como ese sentido lo conozco estupendamente como descendiente de fenicios, griegos, cartagineses, gitanos y moros que soy, ahí me mando: me duele, querido, me duele aquí.

1 comentario:

Pablo dijo...

A vaciar el cargador de la garganta, Loulou, y después el de los ojos.