sábado, diciembre 19, 2009

Morphine


En Estrasburgo en el 97 leí Opium y leí Morphine, los recuerdo tan perfectamente como si los hubiera leído ayer. De esta experiencia literaria que es tan válida como las reales experiencias colijo: yo creo que la gente que se droga mucho debe de sentirse así, al final las dosis no les bastan y el resultado que les provoca una poquita tan poquita cosa es una porquería y ellos, añorando el chute del principio que les dio vuelta como una ola rota, a pesar de saber que no lo conseguirán mismo, se siguen intentando drogar o adorando ese estado previo a drogarse, la abstinencia, que te derriba casi como esa ola rota de la que hablábamos porque es su simetría al otro lado, la medida de su hondura: anhelas más, asfixias más, cuanto más alcanzaste alto alto al regalarte maniatado, sin apoyo, a la corriente bienamada. Pero seguro que yo como ellos hago literatura y la gente que se droga se droga de otra manera distinta, menos Cocteau, menos Boulgakov, menos yo doliente y refulgida a través del quebranto, menos anhelo, menos vehemencia, tanto amor, tanto amor, tanto, en el que quise tanto.
Al menos ya ha pasado esa época en que me dolían hasta las muñecas al respirar. Aún así esta tarde podría escarbar la tierra puñado a puñado hasta llegar a China. Aún así sé que aquellas olas rompientes no romperán más contra mi orilla. Al menos no quiero seguir narcótica marítima, déjame que me prive, maldito dolor, te acallo al vuelo.

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