miércoles, diciembre 23, 2009

Viens, mon beau chat, sur mon coeur amoureux

En cuclillas en la cocina le doy a Calígula de mi dedo lo que queda en el vasito del yogur que me comí. En cuclillas sobre las botas altas de taco chino de Vicente López y Rodríguez Peña, todavía con la chamarreta de cuero puesta y encremallerada, lo miro a Calígula, le pregunto cosas, le aseguro cosas, como que estamos él y yo, ahí, sobre el suelo anaranjado y sobre el planeta, juntos, solos, ambos.  En cuclillas el vestido se me sube y yo cierro los ojos un momento mientras Calígula se golosea de yogur y de mi dedo y siento cómo giran los goznes del universo en derredor del universo y el gato y yo permanecemos en un lugarcito nuestro inconmovible, viendo pasar las corrientes y a veces montándonos en extraños barcos que nos traen y nos llevan y nos vuelven a traer. Siento nuestra mutua compañía, nuestro mutuo pacto de permanecer, lo reconfortante que resulta que exista Calígula en algún lado y la certeza de que está esperando, siempre, que yo vuelva; conocerlo, en sus gestos y maullidos y maneras de tocarme con su pata, morderme, mirar, ser. Abro los ojos, y me veo en cuclillas, en la cocina, con la cuchara en una mano y en la otra mano el dedo regalado a Calígula, afectada de vivir, hambrienta de mundo, convencida de que el gato y yo sólo somos dos, esperando que el gato y yo siempre seamos nosotros dos, agradecida hasta la más sensible de las médulas porque el gato y yo seamos estos dos.

2 comentarios:

Acercandra dijo...

claro! ser con gato -ronroneo pata pelo- detiene el mundo en un momento.

Loulou dijo...

Y es un gran momento.