jueves, diciembre 10, 2009

Yet you're my favourite work of art

Atrás del escenario hay una puerta por la que pasas a la parte del bar en la que se puede fumar, y eso aquí significa hachís y vasos de whisky sobre la mesa de billar, significa hombres y muchachos jugando a tararear Night in Tunisia o Lullaby of Birland. Pero yo quiero cantar ahí entre el humo y me retan a un My funny Valentine (mi canción) por soleares, acompañada sólo del cajón flamenco. Es notoria mi incomprensión del compás, aún siendo autóctona, pero me mando, My funny y yo somos una y la puedo cantar del revés si quiero, como hacía la chirigota del Selu con los tanguillos, y no es que me haga la lista, es que realmente hemos pasado muchos años juntas. Es emocionante seguir al percusionista en su un dos tres cuatro cinco seis siete ocho nueve diez once doce e ir encontrando huequitos perfectos para el sentimiento años treinta. Es emocionante cantar así, desnuda de músicos y rodeada de músicos que están metidos en este cuartito esperando que venga la noche, suene la hora. Tan lejos del centro que estoy en el centro, tan geográficamente desplazada que estoy en mi propio sitio, sólo me importa ahora cantar. No quiero literatura, sólo quiero mi voz.

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