domingo, enero 31, 2010

Aceras que me pertenecen

El cuadro es de Graciela Bello
Bajo por Gran Vía de madrugada y me sonrío, porque son mi sitio y mis horas de caminar melancólica o emblandecida de mí misma o nocturna de palabras o la calle donde me mido la intención, y en mi último viaje de diciembre caía el agua nieve y yo sola en el desnoche después de la celebración embarcada embarrada hasta las lágrimas en ese miedo que tuve a no existir, andaba implacable y conmovida, de esas dos maneras porque fueron los dos adjetivos en los que pensé entonces y a los que acomodé el paso. Pero esta madrugada me sonrío con los guantes puestos y me conmuevo difícilmente porque me he quedado sin corazón, y así es más fácil tomar decisiones y marcharse o no marcharse. Éstas son mis aceras y lo seguirán siendo, mientras la gente camina de los bares hacia los bares y los taxis se desenfilan desde la calle del Clavel al resto de la ciudad, a Madrid, el sitio en el que me anclé y desde el que esperé ser, sublime o desastrosa pero ser. Y aunque no sea mi lugar, es mucho rato mi casa, y eso ya se merece una reverencia.

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