viernes, enero 15, 2010

Botones de repuesto

Cuando tenía casas tenía costureros y ahí en una cajita guardaba los botoncitos de repuesto que vienen con la ropa (recuerdo un botón grande fucsia de la camiseta que llevaba puesta la primera vez que nos besamos). Ahora tengo sobre el pie del imac unas cuantas bolsitas que he ido arrancando de camisas, de blusas, de abrigos nuevos, no hay cajita dentro de costurero donde ponerlos. Me doy cuenta de que hablo siempre de lo mismo, de que me aferro a los objetos que tuve como metáfora de las vidas que tuve, que ese acomodo les choses que tengo al alcance de la mano, guardado en cajas de cartón, me está prohibido, que aquí en el pie del imac guardados en bolsitas tengo botoncitos de repuesto como promesas de realización, como promesas de un esparcimiento de mis cosas, de un esparcimiento de lo que soy y que no puedo ser ahora, acurrucada dentro de mi yersi de lana, dentro del paréntesis de este cuarto desván, escuchando a Ivan Lins cantando Esta tarde vi llover. No soporto más tanto aburrimiento, tanto encierro, no me banco más este aplazamiento, prefiero quemar las naves y todos los botoncitos de repuesto del mundo y empezar de vuelta, lejos, en Londres, donde me pienso vestir como si me persiguiera the sartorialist, donde seré de nuevo sólo una posibilidad, sin ninguna caja de cartón sobre la que lloriquear por lo que dejó de ser, sin que estés tú.

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