viernes, enero 15, 2010

El horror de vivir en lo sucesivo


Empieza a llover mientras camino por la carretera, así que me subo el gorro de la trenka. Me he perdido, así que llamo a la analista para preguntarle el camino, me pregunta dónde estoy, le indico más o menos, me dice que viene a buscarme en el coche. Bonita manera de empezar nuestra relación terapéutica, al menos estará todo claro y simbólico desde el principio. Me pongo a esperarla, así, con postura de espera; enfrente hay dos cancelas de entrada a dos fincas, grandes eucaliptos. Me pregunto quién vivirá ahí, tan lejos, con un camino de tierra bordeado de árboles hasta llegar a la casa. Me dedico a fantasear esa vida mientras llega Dalia. Llueve más y me gusta estar ahí, tan de mañana, frente a los eucaliptos y las vidas de los otros, amparada por mi trenka, de vuelta en la carretera, que es precisamente mi terror más grande siempre: tener que volver a la carretera. Y es lo que me paso haciendo toda la vida, quizá eso de vencer mi propio temor una y otra vez no sea más que un gesto maniático de loca irredenta o temeraria. Sea lo que sea le veo las yemitas a los árboles mientras me llueve alrededor. Sea lo que sea a lo mejor es cierto que he conseguido sacudirme la mufa. Sea lo que sea, y mientras llega mi hilo de Ariadna, pienso que a lo mejor estoy más cerca de poder abrir mi propia cancela, de recorrer alguna alameda hasta mi propia casa, de que salir a la carretera sea un trayecto y no sólo un suicidio.

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