martes, enero 19, 2010

El río del olvido

Hay un río apestoso y manso que se conduce lento y espeso y no es como los demás ríos a los que me asomo cuando viajo por el planeta, es el río de mi ciudad; yo me crié a la vera de su desembocadura, donde se amarraban los barcos. Entre él flota en la ciudad este agua quieta estancada que no promete nada cuando la miro desde su barandilla. Así es como soy yo cuando llego a la ciudad de este río. Entre él flota el barco al que me subo hacia el mar, mi alivio y mi suspiro, el mar que está enseguida del río y no se hace esperar. Quizá el resto de los ríos del mundo no son tan obvios como éste en sus fines cuando los veo desde sus puentes, quizá el resto de los ríos tienen su propia identidad sin tener que desembocar en ningún lado, y por eso me ando mirando en todos los ríos y buscando mi curso en todas las ciudades cuando sólo tengo que subirme a mi barquito y llegar. Al mar.

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