jueves, enero 21, 2010

Una vez me vendí por un poema


Una vez me vendí por un poema. Fue de noche y alguien a quien había conocido dos horas antes en El harén de Arquímedes me lo escribió, en un papel de estraza de los que usaba Dani para dibujar, en el que Dani había puesto un título con su plumilla. El que me lo escribió nunca más escribió algo que me gustara, pero por este poema me vendí, y durante mucho tiempo fui mercancía, aunque a veces varios diez minutos de lapsus respiré algo parecido a una felicidad plastificada.
Si no se hubiera escrito ese poema, mi vida habría sido muy diferente. Lo he encontrado hoy, doblado, manchado de café, metido en un libro, fechado 6-V-97, rasgado por una esquina, recompuesto por detrás con cinta de papel. No me acordaba de él, y si me acordé alguna vez fue para pensar que lo había perdido.
Este papel gris que me arrancó la respiración y me invitó calladamente a amanecer desnudos de voces terminó siendo un pasaporte al infierno, ni siquiera sé si quedarán en alguna parte aquellos varios diez minutos de lapsus en los que suspiré algo parecido a un encuentro celofán pero las palabras no tienen la culpa. Me alegro de haberlas encontrado, sobre todo por el título.

4 comentarios:

Charlotte dijo...

Inevitable. Me vendí por dos. Dos pasaportes al infierno. Me solidarizo. Beso

Loulou dijo...

Yo ya creé anticuerpos.

Curro dijo...

Yo me he vendido por una cerveza y un beso de pega...

Pablo dijo...

Retazos de una historia sin libreto
Se cuelan entre páginas de estudio,
Y entre tanto final, nace un preludio:
Las letras de tu intrépido alfabeto.

Y entonces la noticia de un derrumbe
Y peor: un silencio interrumpido
Por lágrimas, por golpes, por latidos
Ante quienes tu música sucumbe.

Otros buscan, se intuye, la querella
Del rincón que tu cuerpo torna claro;
Yo confío a estos versos el conjuro

Del eco de tu voz, de alguna huella
De tu pluma sonriente, otro disparo
De tus ojos cargados de futuro.