miércoles, febrero 17, 2010

La autoridad competente

Llueve. Voy disfrazada de emigrante de viaje: pantalón Pampero, botas de montaña, la capucha echada para no mojarme (prefiero quedarme fuera del restaurante donde nos ha parado un rato el autobús). Se me acerca un guardia civil y me habla, no lo oigo bajo Brad Mehldau. Me quito los auriculares y me dice que perdone por la molestia y que si le puedo enseñar la documentación. Me quito la capucha ipso facto (no sé por qué, es casi como quitarse el sombrero) y me pongo a buscar en mi bolso paraguayo llenísimo de cosas. Como es imposible encontrar nada en ese baúl portátil me agacho y lo pongo sobre el suelo mojado y empiezo a sacar: la carpeta, el libro, la Moleskine, dos mandarinas, el gorro, mientras el guardia civil me pregunta cuál es mi profesión. Le digo. Traductora. Me dice. ¿De inglés? Contesto desde el suelo. Inglés, francés y portugués.  Dice. Ah. Se queda callado mientras yo saco del bolso los guantes, otro libro, el cepillo de dientes, el rímel, el móvil, una tableta de chocolate, y lo oigo que me dice que en ese caso no hace falta que le enseñe nada.

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