miércoles, marzo 03, 2010

Haciéndome al barrio

Una vez vi en la tele chiquita de mi última cocina francesa a Zoé Valdés hablando de su barrio parisino, y la envidié desde mi tranquilidad de pueblito de provincias muerto a las cinco de la tarde. Lo que ella contaba era calco de mi primer fin de semana en mi nueva casita de Lavapiés, un baño sonoro en eso que llaman crisol de culturas. El domingo por la tarde se me hizo tan insoportable no poder hacer mis propios sonidos idiosincráticos que me fui paseando hasta Moncloa por lo verde bajo el sol. Los ruidos etnológicos de mi edificio por suerte nacen al atardecer del viernes y mueren en la noche del domingo, el resto de la semana reina la quietud y me da cosa canturrear porque sé que los oídos del bloque son largos. Puedo enumerar:
Un sonido perpetuo en el patio de luces: la válvula de una olla exprés girando soltando su vaporcito.
Una pareja bengalí o en cualquier caso indostaní que se gritó sábado y domingo enfurecida para terminar reconciliándose en la madrugada del domingo en sincronía perfecta con Cee y Robbie que se amaban en mi libro contra una estantería.
Los vecinos de abajo escucharon permanentemente reguetón.
En el bajo la asociación cultural de Bangladesh organizó sendos conciertos de reggae el viernes y el sábado por la noche hasta las cuatro de la mañana.
Mi vecino de al lado, un viejito que cuando le toqué el timbre para rendirle mis respetos de nueva vecina me abrió en bata y pantuflas con forma de muñeco de peluche, se pasó el fin de semana recibiendo a guitarristas y percusionistas cubanos que no vinieron a tomar café sino a tocar son y boleros.
Los del edificio de enfrente escucharon salsa y no precisamente a los Van Van.
Una vecina colombiana sin determinar recibió a una amiga y se pasó varias horas despotricando de su cuñada, con la ventana de la cocina abierta.
Estos van a ser los acompañamientos orquestales de mi 2010. No cabe la queja porque si no quisiera sonidos Lavapiés me hubiera ido a vivir a El Escorial. Pero una vez bañada en estas aguas, cuánto más que ahora si eso es posible, anhelaré mi casa con galería en Lobería.

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