jueves, abril 29, 2010

Algunos trayectos

Yo inmersa en ciertas melancolías me complazco en los trayectos: el 143, el 136, el 141, la línea 2, la línea 1, o sólo cruzar la calle Atocha con las nubes arreboladas tras la torre granate. Yo en-tristecida si puedo ver el reloj de Sol cuando la luz atardecida lo vuelve todo refulgido y quizá hermoso, me espolvoreo de esa melancolía en la que me sumergen los trayectos que me deja ver las cosas de una manera en que no son.
Y siempre yo tras las ventanillas reconcentrada en un incómodo extravío de estar fuera, de estar en el trayecto, de desacramentar la secuencia de los días camino a Santiago de Chile o a Asunción de Paraguay o a Wrocław o a Vallecas.

miércoles, abril 28, 2010

Autobús número 36

Hay una forma de vida en la que vas en los autobuses con un muchacho y compartes auriculares y pasan por las ventanillas las calles en las que no vives y los árboles en ese esplendor de cuando llega la primavera, pasa una lluvia chica entre parada y parada, pasan nuestras piernas, pasan las apoyaduras en los hombros y en las rodillas, pasa una mano.
Esa forma de vida es fugaz, es transitoria, está acotada. Los que pueden vivirla quizá no se dan cuenta de que cada minuto acompañado de autobús hay que mascarlo. Los que ni siquieran se suben ya a un autobús no recordarán sus delicias. Y yo que te di mi último beso verdadero dentro de un autobús que bajaba por la Avenida Cayetano del Toro, dormitada en ti y sin saberlo, enjalbego esa pared de los trayectos en autobuses, vuelvo a esa extraña forma de vida.

lunes, abril 26, 2010

Paradoja de lo sorprendente e inevitable

Tales incidentes tienen el máximo efecto sobre la mente cuando ocurren de manera inesperada y al mismo tiempo se suceden unos a otros; entonces resultan más maravillosos que si ellos acontecieran por sí mismos o por simple casualidad. En efecto, hasta los hechos ocasionales parecen más asombrosos cuando tienen la semejanza de haber sido realizados a designio; así, por ejemplo, la estatua de Mitis en Argos mató al hombre que había causado la muerte de aquél al caer sobre éste en una ceremonia. Hechos de tal tipo no parecen sucesos casuales. Por eso las fábulas de esa clase resultan necesariamente mejores que las otras.

Te quiero, muchachito

Hay gente que me dice que soy una pesada, será verdad, en vez de negarlo haré honor a mi defecto, te voy a dar las gracias otra vez aunque me digas que no hace falta, siempre hace falta.
Gracias por recogerme en Victoria, por prestarme tu toalla y colgar mi notita en tu pared, por llevarme a desayunar a ese bar tan posh, por charlotearme en el parque, por prepararme el almuerzo y esperarme en la estación de metro (tarde, llegué), por cruzarme el cementerio soleado y hacerme la foto en la tumba del soldado muerto en accidente de zepelín, por acompañarme a estar con Malcolm y Gabriela, gracias porque te gustara el blues y por reírte conmigo del de la camisa blanca y de la de la salida de emergencia, gracias por contarme tus aventuras antiguas y tu plan de poner la roulotte en lo alto del cerro, gracias por los plátanos y el agua metidos en una bolsita (qué gesto, aunque el agua me la confiscaron en el aeropuerto), gracias por llevarme la mochila bajo la lluvia por Kensington y dejarme mis quince minutos de felicidad y dejarme hacer mi foto. Gracias por escoltarme de nuevo hasta Victoria y cruzarme por el túnel chorreado de Hyde Park, gracias por hacerme de lazarillo cuando tuiteaba por Clapham Road o Poland Street, gracias por dejarme ver lo bien que te vas construyendo, gracias porque es un honor ser tu amiga y poder sentirme orgullosísima de ti, gracias por el postre con fresa, gracias por darme la mano y contarme la historia de la fuente. Gracias por todas las horas que hemos pasado juntos, gracias por dejarme participar en tu vida y por decirme buenas noches tantas noches por el skype.
Y que estás muy guapo y que me gusta mucho tu ropa londinense.

sábado, abril 24, 2010

Clapham

Cuando estás en una casa en la que escuchan a Wayne Shorter y Milton Nascimento, y está todo lleno de gatitos miniatura de barro, madera, piedra, cerámica, a lo mejor está feo pero te sientes más en una casa en la que te gusta estar. Y esto es Londres pero I take the weather with me y disfrutamos de unos días soleados. En el jardín de atrás el suelo esta cubierto de las magnolias caídas, pálidas de rosa ahora que están un poco muertas, y las gatas, Millie la gris y Penélope la romana, entre las hierbas plantadas y los arbustos se escapan cuando les voy detrás abrazada a mi taza de té.

En el metro

Una oriental arreglándose en un espejito de Dior, una chica rubia muy guapa mirando con amor para persona a un fox terrier gris, viejo, con collar a cuadros escoceses.

La ventana y el magnolio

Todo sol y como una primavera, un Londres distinto desde este mantel y esta mesa de cocina, frente al ventanal, frente al magnolio, y un viento que le mueve las ramas y de a veces, mientras sostengo la taza rosada de porcelana y me cierra los ojos el olor a ahumado de este té, cae rosada una magnolia. Del árbol, por el otro lado del ventanal.

Gatito duerme

Gatito duerme, gatito me recibe. Se sube a la mesa Calígula para que le haga caso. Mientras escribo. Mordisquea una flor de tela, tira la cucharita del café, me muerde la muñeca, se sienta en sus cuartos traseros y me boxea. Escribo y le hago caso lo que puedo y él se baja de la mesa para darme en los tobillos con sus patitas. Y mi casa es casa y es nuestra casa porque está Calígula. Sobre las baldosas ocre del suelo su figura, delante de las cortinas blancas, bajo la cama donde se esconde cuando llego para que vaya a buscarlo, Calígula reina en mi casa y en mi vida, donde de nuevo hay espacio ocupado por el gato, espacio al que yo llego para poder decirle que yo también lo sé.

miércoles, abril 14, 2010

Mi struggo e mi tormento!

En el metro una chica se arranca O mio bambino caro. Su voz y la gente en bachata indiferente. Su voz y yo cierralosojos y yo apoyafrentes. En el metro ella desplaza por los vagones O mio bambino caro y oigo alejarse su voz y eso tan familiar O mio bambino caro que se transmite con la voz. Y yo leo Wuthering Heights y ella canta en otro vagón, las dos trasnochadas y la gente diurna que en vez de apartar el pudor de escuchar discute por sus codos y pone ruidos horrendos en el celular. Y yo la siento tan hermana mía que me dan ganas de llorarle a la cara a la gente hasta que sean capaces de volver a escuchar sus corazones.

martes, abril 06, 2010

Mátame de pena

Dos vidas truncadas a pedradas. Una, la que nos duele primero, muerta, desangrada sola, robada al pie de su brote, a sus 13 años. Otra, la que nos duele raro, viva, desnaturalizada, rodeada, robada al pie de sus 14 años.
En los aniversarios veremos el cuarto vacío de la primera, en el que la madre aún de luto, destrozada por la ausencia, clamando de injusticia, no terminará jamás de comprender por qué dejó de estar la chiquilla en casa. El otro cuarto no lo visitaremos jamás, no veremos a la otra madre con otro tipo de destrozo y otra culpa, aunque ella tampoco comprenderá nunca por qué su chiquilla se hizo humana tan pronto.
Una vida desaparecida y otra vida desaparecida. Una en lo oscuro de la muerte y otra en lo oscuro de la maldad. Lo más viejos se preguntarán qué está pasando para que sucedan estas cosas, dirán "dónde vamos a ir a parar": los viejos olvidan pronto la brutalidad del mundo. Siempre fuimos autores de estos crímenes, lo que ahora nos horroriza no es la vida perdida de Cristina ni la crueldad de su compañera, sino nuestra propia capacidad ilimitada de hacer daño.