martes, junio 29, 2010

Todo era amor

En dos o tres calles de cada ciudad somos felices. En cuatro esquinas de cada ciudad en cada tiempo agolpamos recuerdos para luego. En el mundo señalamos con banderitas coloradas los días nuestros que quisiéramos que fueran todos los días, los señores que se nos convierten en tús. Nosotros siempre yo vivimos nuestro tiempo buscando agrandar la colección de esquinas, de minutos, de los hoy que puedan ser aquel día para siempre. Respirar cuando se los tiene entre las manos. Cerrar los ojos cuando los tenemos ante los ojos. No se puede soportar el tiempo de la perfección si no es recordándolo de antemano, pensando en el luego que llegará y desde el que miraré, te miraré de lejos y te veré en los ahora. Deseo un tiempo como una hondonada en la que resguardarme del tiempo de fuera, ése que no es nada y no se mide, deseo un tiempo en el que todo sea tan cotidiano de intensidad que me den ganas de tirarlo todo por la borda para volver a malvivir y acordarme.