martes, agosto 10, 2010

Desassosego

He leído tantas veces este libro; en casa de Minerva, en la biblioteca de Filosofía, en Villa Elisa, en Recoleta, en Estrasburgo, dentro de mí, en este autobús que me saca de Lisboa. Aún Bernardo Soares me grita algo ya tan gastado y sin embargo ya tan vibrante, tan garfio para escalar muros de castillo. A gloria nocturna de ser grande não sendo nada. A majestade sombria de esplendor desconhecido. Y yo que desde pequeña pensé que sería como Pessoa o como Cioran o como Settembrini o como el narrador de Justine, encerrada en un cuartito pobre con mis papeles y mi soledad a gritos, acerté. Y yo que desde pequeña prefiero recorrer las ciudades sola a caminar acompañada y obligada al comentario, yo que prefiero mis picnics secretos en los parques o mis restaurantes y camareros secretos a la ruidosa sociedad gastronómica forzada de los viajes, yo que he leído tantas veces este libro, me doy cuenta de que la categoría de mis piernas y lo poco que me cubre este vestido, el más breve y leve que concebirse pueda, mi hambre cantante de escenarios, me sacan de mi vía estipulada de gafotas rarificada, pero sí, estoy yo en mi cuartito manchada de tinta y está Loulou en el planeta, despeinada de locura. Y así seguiremos viviendo las dos, cada una para su lado, y las dos para el nuestro, todas dos desasosiego.

1 comentario:

Hippeis dijo...

¿Cómo Cioran? ¿Te ha escrito el presidente de un banco de África? ¿Somos ricas? :D