martes, julio 10, 2012

Esta canción que pregunta por ti

Tú puedes con esto y con más, se dijo a sí misma, cínica, dientes apretados, pies manchados sobre la tierra inhóspita que nunca la dejó quedarse. Como me voy a ir, le dijo en voz alta, puedo decírtelo, aunque quizá sea vanidad, no importa, el caso es que ahora que sé que me tengo que ir y antes de que llegue la decadencia de mi cuerpo, antes de que no pueda sostenerme en pie o sentirme indolorida, te lo voy a decir: estoy triste de irme porque me voy a perder saberte, y verte los días y esa manera nueva que tengas de peinarte, o tu sonrisa de dentro de seis años, tus ojos cerrados una tarde de siesta bajo el sol, tus pasos por el mundo acompasándose a los míos, un vestido que me eligieras, todos los besos. Y sólo te lo digo porque me iré, porque es imposible que viva siempre, así, porque camino rápida y tengo que irme pronto, y no quiero perderme sin que sepas que cuando te veo veo cosas que no han pasado y que quizá no pasen nunca: una camisa blanca tuya planchada colgada en una percha, esperándote, los pasadores que yo te pusiera en los ojalitos de sus mangas, un jueves en el que nos despertara el gato, todas las cafeteras, una calle más importante que las otras, un puñado de monedas que me dieras mirándome a los ojos, para el autobús, para el pan, para el rito. Y esta canción muy alta resonando por nuestra casa, contra las paredes de nuestra casa y de nuestra vida goutée à deux, malheureuse ou heureuse, palabras al oído, cada una de las noches en las que durmieras a mi costado, las peores lágrimas, el mayor amor, los mediodías y todos los domingos por la tarde, el olor tuyo perenne en mis manos cuando te alejaras, periódicos recortados, una manera de mezclar hielo y alcoholes sólo nuestra, el punto de las carnes y el color de los pescados, el sexo, servilletas dobladas, carreteras bajo nuestra vida, los campos cubiertos de nuestros manteles o nuestros caballos, mis poemas leídos con tu voz atándose a una vela, tus libros que yo acariciara, botones desabrochados, cremalleras subidas, vasos nuevos de cristal, lagos, mares, ríos, tempestades, lluvias pequeñitas tras los cristales. Y te lo digo porque es a ti a quien quiero decírselo ahora que me voy y no queda otro remedio que desaparecerme con esta tierra que nunca me prestó terreno para meterme pies y crecerme enraizada. No hago esto para que te sientas obligado a la pena, sólo quiero que veas como yo veo las estrellas arriba de los dos, encima nuestra, estrellas y más estrellas que podríamos habernos mirado en quietud efervescente, cualquier noche, hoy, anoche, dentro de siglos, como si fuésemos a existir para casi siempre como ellas parece que existen, y no es así, y por eso he venido a decirte que cuando malrespiro si estás cerca es por todo ese tiempo que no vamos a hacer existir nunca, por todos esos instantes clavados en alfileres importantes y todos esos instantes que se escapasen insignificantes pero tesoros porque nuestros. Esto no es una tristeza, es mi manera, es la única forma que conozco de decir que cuando resuenan las trompetas para el fin también resuenan para la celebración del rato que queda hasta el fin. Ah, sí, mírame así como me miras ahora que te digo que voy a irme y sólo por eso te confieso que quisiera quererte hasta llegar a todos los bordes y todos los abismos y todas las alegrías y las fiestas y una vida que nos mantuviera despiertos y embarcados de aquí a China, si yo fuera un tú tuyo, si yo fuera ésa de la que dijeran “es suya”. No es más que esto lo que quería decirte, dientes apretados aunque sin miedo, llena llena del dolor más horrible de todos, que es el dolor de no existir, el dolor por adelantado de no existirnos, el dolor de no poder volver a abrir nunca mis manos sobre las tuyas.

10 comentarios:

Victoria Dubrovnik dijo...

Abrumador, bello, conmovedor...

Tristemente elegante...

Anónimo dijo...

el otro día soñé contigo. Llevabas un jersey azul y estabas triste.

Loulou dijo...

¿Y no me organizabas una fiestita?

Anónimo dijo...

no, porque yo era un espía ruso y los espías rusos no están para organizar fiestas sino para salvar pellejos.

Piticli dijo...

Pufffffff, qué pasada :') Qué pena que sea tan largo para Ramalazo... Un beso

Loulou dijo...

Te puedo hacer la versión resumida, dice así: ven, hazme el día.

gabriel dijo...

Cuando te veo veo cosas que no han pasado. Se lo voy a decir a ella. Gracias.

Loulou dijo...

Pónganle mi nombre a su primera hija: Lulucita.

Anónimo dijo...

el otro día soñé contigo. Llevabas una hija de 4 años y un hijo de 2.

Anónimo dijo...

Anoche soñé otra vez contigo. Charlábamos mucho, toda la noche. Estuvo muy bien, me dí cuenta de lo que te echaba de menos, de lo que echaba de menos mi sensación de ti. Pero fue triste, porque se notaba que yo no era gran cosa. De todas formas dulce también. Te dije en el sueño que todavía no he hecho el dibujo que te debo.