martes, agosto 10, 2010

Nous vivions tout les deux ensemble

Pensamos que vamos a estar vivos para siempre y de repente un tranvía a Prazeres. O el sol. O el puchero mal apagado. O aquel cable. O una medusa mediterránea en medio de nuestro amor. O un instinto asesino direccionado. O el mar, allá lejos, quieto por fuera, arrastrador por dentro. O un bicho que nos reconcome él solito el corazón y las partes blandas. Pensamos que vamos a estar vivos para siempre y vendrá un camión haciendo la ruta Teruel-Guayaquil, o unas fiebres contraídas, o hay pistolas y navajas suficientes en el mundo, advertencias inventadas por los hombres para hacernos saber que los barcos se hunden frente a la costa y el rescate, que colisionan con la tierra los aviones y aeroplanos, se destienden los tendones pista roja y nieve abajo, se agarra mal la sierra mientras en el bosque. Nos estamos muriendo y nos olvidamos y así nos tomamos el café como si para siempre fuéramos a tener una mano que sostenga el pocillo, la taza o el vaso, como si para siempre los de enfrente o el Ninguno fueran a acompañarnos. Despierte el alma dormida, Lisboa y yo no estaremos aquí siempre, hay terremotos e incendios en llamas suficientes en el mundo, advertencias inventadas por el planeta para hacernos saber que moriremos y que nunca más volveremos a vernos.

1 comentario:

Hippeis dijo...

"... El puchero mal apagado o aquel cable.
El puchero mal apagado o aquel cable.
El mundo es peligroso
Yo no existooooo..."

Y hasta ahí tengo...

Vuelve pronto que tenemos que ver más el hombre y el hombro