domingo, septiembre 19, 2010

A Sunday smile

Mateo y por fin me atrevo con Volodia. Algo ha pasado. Algo ha cambiado. Álvaro ha muerto y mi percepción de las cosas importantes se ha dado un revolcón en su propia mierda. Yo que no creo en las casualidades, después de mucho tiempo sin hablar con él ni recibirnos nuestras noticias, después de ignorarnos varios años, he encontrado un único mail de spam de todo este tiempo desde su casilla de correo a la mía, del día antes de su muerte. Si lo hubiera visto, ¿lo habría llamado? ¿Habría servido de algo haber podido decirle “te quiero, te echo de menos, quiero saber en qué andas, eres uno de los más importantes de la lista”? El viernes, cuando conseguí dormirme después de llorar frente a 898 personas, me dormí verdaderamente, y al despertar supe que llevo equivocada muchos años, que el amor no es ese arrebato que aplasta por cualquier parte con tal de que lo dejen estarse en primera fila frente a su adoración, que siempre sabemos desde el principio quiénes son los buenos y quiénes los canallas, que perdemos meses y vida en purpurinas, que nos creemos eternos, que lo más importante es la música mutua compartida, que lo mejor es el desbroce, la luz, poder sentarse en compañía frente a un mar de agua o un mar de cualquier otro elemento compositivo y disfrutarse tanto el cerca que dé gloria estar vivo. La nariz del corazón también tiene aletas que cuando se abren te dejan saber si está contento. El corazón también tiene pecho que se le vuelca cuando se ahoga de feliz. La vida a lo mejor no es una, pero es ésta, y está llena de chispitas que hay que mirarse mientras nos chisporrotean delante. La vida es un domingo por la mañana que hay que pasarse despierto, en casa o en la calle, pero de baile, frente a otros ojos. Álvaro, tú siempre quisiste ser y te alimentabas de cada día de tu vida. Fuiste una de las personas más vivas que he conocido, tal vez por eso tu muerte es la muerte que más he sentido como muerte. Y por ti, por tus ganas, tendré que tener yo más ganas. Y por ti, por el privilegio de haber compartido cachitos de tu vida, se me hermosea la mía. Cada domingo por la mañana, Álvaro, le daré un repaso a mi percepción de las cosas importantes, y me acordaré de ti, porque has sido y serás siempre uno de los más importantes de la lista. 

Gato y persona

No me cansaré de contarlo: cada vez que llego a casa ahí está Calígula siendo mío y ahí estoy yo siendo suya, bicho contra bicho, animal contra animal, cariño superviviencia contra supervivencia cariño. Y si me agacho hasta su suelo para que me huela el pelo de lo que vengo, si me tumbo a la losa para que me juguetee la cabeza con sus patas, si me siento en el silloncito verde para que se me barriguee encima, si viene a darme con la manito para que lo persiga por la casa, si me duerme en la almohada, si me mira ojos verdes preguntándome ¿de qué sirvo?, yo se lo canto: amor entre gato y persona, no es ninguna broma.

Carne mechada para querer a los que están vivos

Pedirle al carnicero un trozo de cabeza de lomo de cerdo de un kilo y medio o dos, si el carnicero no es musulmán como todos los carniceros de mi barrio. En caso de vivir en Lavapiés o en el Raval acérquense al supermercado y compren una de esas bandejitas blancas de asqueroso plástico con una pegatina por fuera en la que ponga “cabeza de lomo 1,500 gr”. Cortar tiras de jamón o de panceta, muchos dientes de ajo también en tiras dentro de lo posible y disponerlos junto con una montañita de granos de pimienta en la mesa de la cocina si tienen y si no tienen en el minúsculo poyito de la cocina que utilicen como lugar de maniobras. Practicar con un cuchillo un agujero profundo en la carne, y con el dedo ir introduciendo tiras de jamón, de ajo y granitos de pimienta. Hay agujas de mechar que lo hacen casi todo solas pero la experiencia de enterrar el dedo en carne de bicho es tan trascendentalmente horrible que no pueden perdérsela. Ir practicando agujeros hasta que el trozo de carne esté hinchado y bien nutrido. Salar por fuera con sal gruesa. En una olla al fuego poner manteca de cerdo y un par de hojitas de laurel, cuando esté derretida la manteca introducir la carne e ir dándole vueltas hasta que esté no dorada pero sí hecha. Añadir vino fino de la tierra que me vio nacer, suficiente como para que la carne en unos treinta o cuarenta minutos esté hecha por dentro. Para comprobar si está preparada lista ya basta pinchar con un cuchillo, si sangra es que no. Dejar enfriar hasta el día siguiente. Cortarla en lonchas que se darán como alimento a los amigos que tengan ganas de venir a vernos. Quererse mucho y tenerse al tanto de sus cosas y de que se quieren.

¿Cuál es la verdad?

La verdad es el hambre. La verdad es esa crecida de las ganas de cada día. La verdad es que hay un mundo fuera recogiendo acontecimientos y maldades, que hay historias de vidas asesinas a las que te asomas y te sientes tan limpísima y lejos de la verdad dentro de tu círculo de ganas y de cajones perfumados con jabones. De pronto te das cuenta súbito de que todo es misterioso, y no puedes explicar lo intrincado de lo que ves, una parada en el giro del mundo, y tú mirando dese fuera. Los amores, o el sentimiento, o comprender tanto lo que lleva otro por adentro, la escala de be bop, el nacimiento de una niña al otro lado de la geografía, una canción pop que nos arrebata algo universal, mientras hay coches que derrapan rápido rápidos buscando sacarle a la vida de otras vidas un sabor que no tiene y que tú encuentras aquí en todos los saleros, en todos los azucareros de la casa, en todas las palabras escuadra y cartabón. La verdad tuya es tu hambre, el mate nuestro de cada día,  y la verdad de otros es su hambre, el mate suyo de cada día. De un charquito de tristeza yo saco agua de beber, de un charquito de tus ojos saco una posibilidad y te la escalo, del exilio permanente saco mis empujes. ¿Y el mundo? ¿Cómo se mide el hambre? De pronto en compañía estalla la clarividencia, y eso se llama el cariño, cuando a otros le puedes medir las hambres y ves que son como la tuya: ganas de una vida. De pronto las otras vidas asesinas que nos dan vértigo, las verdaderamente doloridas, las escindidas, las que nos crecen alrededor como espinos, como llaves inglesas nos golpean la puerta, mientras nosotros abrazamos nuestros libros, nuestros discos de Coltrane, el cuadro de de Staël colgado en la pared, y tu mano mía me apacigua los dolores chiquitos de persona hambrienta.

sábado, septiembre 18, 2010

nada importante


Hola Inma!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
después de haberte conocido, me ha quedao en el cuerpo una alegría especial, de saber q he tenido la oportunidad de hablar y compartir con una de esas personas que, cargadas de magia, la van repartiendo por ahí.
Feliz de q nuestros caminos se hayan cruzao, aunque tan siquiera hayan sido unos minutos. Sin más, no se por qué te escribo esto,...
espero verte pronto...  álvaro.

sábado, septiembre 11, 2010

Noemí, Ruth, Ogata, Kikuko

Decís: ven. Y yo que fui y soy vuestra nuera no quiero que nos perdamos y quiero ir. Dicen. Que me tengo que desvincular. Que se me transparenta. Que esto es de locos. Pero yo os quiero. Y no quiero irme, quiero ir. Y él ya se murió para mí pero por qué habrán de tapiarse todos los demás amores con el muerto. Donde estéis vosotros es un poco mi casa, y siempre quisiera prepararos el té o el cordero, y siempre echo de menos aquella vida nuestra aparte, fuera de la vida de él y mía. Hay campo de sobra vosotros y vuestros demás hijos y yo que también fui hija vuestra para cultivar sobre esta ceniza. Me niego en círculo redondo rotundo completa erre completa resistencia de espigón contra las olas lanza en ristre revolución a que porque él se me haya difunto lapidar todos mis amores con el muerto. Que nadie, nunca, se atreva a pedirme que me sacrifique por un muerto. Que nadie, nunca, ni yo misma, piense que hago trampa. Que nadie, nunca, ni él siquiera, piense que camino buscándole el pie. Es tan difícil conseguir quererse tras tanto almuerzo y tanto trapo de familia. Es tan difícil conseguir quererse más allá de la vuelta de lo obligado. Es tan difícil tener ganas de ver a alguien y que ese alguien te quiera ver a ti. Es tan difícil esta maldita vida que por dios, nadie me obligue a asesinar mis cariños. Hasta el final estaré cerca, vuestro pueblo será mi pueblo: esto siento, así, como soy, junto con otro millón de cosas que se sienten por los que están lejos y estuvieron cerca, lejos, lejos, cerca, acertados, equivocados, tal y como yo estuve, pero míos, siempre, pero yo suya, siempre, a prueba de balas y de muertos, familia. Y que nadie, nunca, se levante para decirme que tengo que renunciar a mis afectos por un muerto. Ni por nada. Que nadie intente negarme jamás que soy una de los vuestros.

martes, septiembre 07, 2010

Yo tengo ritmo

Las conchitas de la sopa maravilla. Una caja de juanolas. El corazón del gato. Howard Hawks. Un sobre rasgado. Los tacones del tango. Los interruptores. Una gota que gotea. Todos los vasos rompiéndose. Las cremalleras subiendo y bajando. Los caballitos dando vueltas.

domingo, septiembre 05, 2010

Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí

I have heard the mermaids singing, each to each.
I do not think that they will sing to me.
I have seen them riding seaward on the waves
Combing the white hair of the waves blown back
When the wind blows the water white and black.
We have lingered in the chambers of the sea
By sea-girls wreathed with seaweed red and brown
Till human voices wake us, and we drown.

viernes, septiembre 03, 2010

The thin red line

La línea que separa el amor del no amor, ¿dónde está? Dónde está la línea que separa el uno y el otro del estamos aquí los dos. Todas esas horas que rogamos pasar con quien equis bajo el sombrajo del amor, ¿no las habremos pasado ya? Medirse las palabras, las manos y el lunar, ¿cuándo empieza la mesura y cuándo la desmedida? Desde dónde el contador cuenta. Cuándo el mundo, bajo los árboles, o a mitad de la avenida recorrida, deja de ser el mundo acompañados para ser el mundo nosotros. Recuerda, recuerda con los dientes aquellos cruzar la calle a modo de prólogo y recuerda si puedes aquellos cruzar la calle in media res, dime cuáles pesan más, pluma o plomo. Contador maldito, aprende del Geiger sensible y apriétate el cero, a la de ya, que siempre llegas tarde, en marzo después de un glorioso febrero, en julio después de un desbaratado junio; guardas mal los acontecimientos, decides no amor cuando ya hace rato que nos habremos estado queriendo. Te voy a romper el alma, línea roja, te voy a mordisquear hasta que te quiebres y te abras y nos dejes entrar.

miércoles, septiembre 01, 2010

¿Vendrás o no vendrás?

Si yo fuera filósofo centraría mis tesis en el Ser en el Mundo Tiempo, que supongo que vendría a ser algo así como in der Welt Zeit sein. Porque cruzo el Retiro vestida de verano y de blanco, después de la lluvia, y los paseíllos están raros de árboles mientras incluso se besan de dos en dos en los bancos, y es, sin duda alguna, 1 de septiembre y yo estoy aupada en mis zapatos sobre el tiempo. O el cine: pertenecer a una película es acompañarla mientras transcurre. O el gato: tenerlo es hilarle las horas sobre todos los suelos que compartimos. O la cocina: fabricar lo que se pone en el plato es manosearle los minutos a los ingredientes hasta obligarlos al amor. O el amor: quererte es intentar sobrepasar (corro) los días que se van para llegarte yo antes que ellos. O la música: construirla es saborear y deleite el tiempo sonido que nos pasa por debajo cual tiburón de mar. O las horas: cada una en la que existo es una plaza por la que me paseo o en la que me siento a mirar o a no ver o a leerte las letras. ¿Vendrás? ¿O no vendrás? Ése es tu Ser en el Mundo de mi Tiempo, una incógnita-agonía que me desagota los segundos como si en vez de sólo tiempo estuviera gastándome una vida.