domingo, septiembre 19, 2010

Carne mechada para querer a los que están vivos

Pedirle al carnicero un trozo de cabeza de lomo de cerdo de un kilo y medio o dos, si el carnicero no es musulmán como todos los carniceros de mi barrio. En caso de vivir en Lavapiés o en el Raval acérquense al supermercado y compren una de esas bandejitas blancas de asqueroso plástico con una pegatina por fuera en la que ponga “cabeza de lomo 1,500 gr”. Cortar tiras de jamón o de panceta, muchos dientes de ajo también en tiras dentro de lo posible y disponerlos junto con una montañita de granos de pimienta en la mesa de la cocina si tienen y si no tienen en el minúsculo poyito de la cocina que utilicen como lugar de maniobras. Practicar con un cuchillo un agujero profundo en la carne, y con el dedo ir introduciendo tiras de jamón, de ajo y granitos de pimienta. Hay agujas de mechar que lo hacen casi todo solas pero la experiencia de enterrar el dedo en carne de bicho es tan trascendentalmente horrible que no pueden perdérsela. Ir practicando agujeros hasta que el trozo de carne esté hinchado y bien nutrido. Salar por fuera con sal gruesa. En una olla al fuego poner manteca de cerdo y un par de hojitas de laurel, cuando esté derretida la manteca introducir la carne e ir dándole vueltas hasta que esté no dorada pero sí hecha. Añadir vino fino de la tierra que me vio nacer, suficiente como para que la carne en unos treinta o cuarenta minutos esté hecha por dentro. Para comprobar si está preparada lista ya basta pinchar con un cuchillo, si sangra es que no. Dejar enfriar hasta el día siguiente. Cortarla en lonchas que se darán como alimento a los amigos que tengan ganas de venir a vernos. Quererse mucho y tenerse al tanto de sus cosas y de que se quieren.

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