domingo, septiembre 19, 2010

¿Cuál es la verdad?

La verdad es el hambre. La verdad es esa crecida de las ganas de cada día. La verdad es que hay un mundo fuera recogiendo acontecimientos y maldades, que hay historias de vidas asesinas a las que te asomas y te sientes tan limpísima y lejos de la verdad dentro de tu círculo de ganas y de cajones perfumados con jabones. De pronto te das cuenta súbito de que todo es misterioso, y no puedes explicar lo intrincado de lo que ves, una parada en el giro del mundo, y tú mirando dese fuera. Los amores, o el sentimiento, o comprender tanto lo que lleva otro por adentro, la escala de be bop, el nacimiento de una niña al otro lado de la geografía, una canción pop que nos arrebata algo universal, mientras hay coches que derrapan rápido rápidos buscando sacarle a la vida de otras vidas un sabor que no tiene y que tú encuentras aquí en todos los saleros, en todos los azucareros de la casa, en todas las palabras escuadra y cartabón. La verdad tuya es tu hambre, el mate nuestro de cada día,  y la verdad de otros es su hambre, el mate suyo de cada día. De un charquito de tristeza yo saco agua de beber, de un charquito de tus ojos saco una posibilidad y te la escalo, del exilio permanente saco mis empujes. ¿Y el mundo? ¿Cómo se mide el hambre? De pronto en compañía estalla la clarividencia, y eso se llama el cariño, cuando a otros le puedes medir las hambres y ves que son como la tuya: ganas de una vida. De pronto las otras vidas asesinas que nos dan vértigo, las verdaderamente doloridas, las escindidas, las que nos crecen alrededor como espinos, como llaves inglesas nos golpean la puerta, mientras nosotros abrazamos nuestros libros, nuestros discos de Coltrane, el cuadro de de Staël colgado en la pared, y tu mano mía me apacigua los dolores chiquitos de persona hambrienta.

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