martes, agosto 31, 2010

El dolor de ya no ser

A veces parece que todo se ha estancado, a veces todo es fango y cuesta abajo. Y bajar a la plaza con Calígula y que los negros vendedores de droga pronuncien su nombre de maneras hermosamente africanas no parece trozo de la película. A veces las historias que nos pasan, en un tren que va al norte, o en un bar de noche al que vamos a hacer como que aún tintineamos y somos ocurrentes y no deseadas sino admiradas, mientras por dentro queremos ir a casa a limpiarnos el blanco del clown, no nos parecen de telón levantado. A veces, aunque nos apoyen contra Madrid, contra una bendita barandilla madrileña, y nos besen por dentro de la noche, nos parece que el mundo se ha enterrado vivo debajo de un montón de paréntesis. A veces, aunque nos quitemos los zapatos de tacón al entrar en casa, vivimos bajo el ala del sombrero barbecho y nos parece que todas las horas dejan de pasarnos. Todas esas estrellas que el cielo se mastica sin nosotros, veda, coto, amurallado corazón de la manzana mundo, nos parece que nunca van a volver a brillar sobre nuestra cabeza. Y sin embargo estamos siendo, calendario como siempre, hilachas como siempre, choque como siempre, una canción nueva como siempre, plantas que se van muriendo en las macetas, chicos de Ghana que nos vienen a buscar para que les enseñamos a deletrear, albañiles de Guatemala que no pueden con su alma escoplo. Y tú, pobre corazón disminuido, que te sigues empeñando en encogerte hecho un tango, aunque te creas que no martilleas aurícula, estás vivo y pájaro. Salta del pecho hasta la cumbre, ocúrreme, no vayas más dejando tus cachos en la pendiente.

2 comentarios:

ote dijo...

Lindo y triste. Doblemente lindo. Hace rato que no sé de vos, ¿ya publicaste algo? Deberías.

Gracias por el CD de Cristina Branco, me trajo recuerdos de nuestros fados en el living de Rodríguez Peña.

Besos!

Loulou dijo...

Recuerdos malvados. Marcate un mail, turro. A veces te extraño, pero no se lo digas a Rafa que ya sabes que nos llevamos mal.