sábado, septiembre 11, 2010

Noemí, Ruth, Ogata, Kikuko

Decís: ven. Y yo que fui y soy vuestra nuera no quiero que nos perdamos y quiero ir. Dicen. Que me tengo que desvincular. Que se me transparenta. Que esto es de locos. Pero yo os quiero. Y no quiero irme, quiero ir. Y él ya se murió para mí pero por qué habrán de tapiarse todos los demás amores con el muerto. Donde estéis vosotros es un poco mi casa, y siempre quisiera prepararos el té o el cordero, y siempre echo de menos aquella vida nuestra aparte, fuera de la vida de él y mía. Hay campo de sobra vosotros y vuestros demás hijos y yo que también fui hija vuestra para cultivar sobre esta ceniza. Me niego en círculo redondo rotundo completa erre completa resistencia de espigón contra las olas lanza en ristre revolución a que porque él se me haya difunto lapidar todos mis amores con el muerto. Que nadie, nunca, se atreva a pedirme que me sacrifique por un muerto. Que nadie, nunca, ni yo misma, piense que hago trampa. Que nadie, nunca, ni él siquiera, piense que camino buscándole el pie. Es tan difícil conseguir quererse tras tanto almuerzo y tanto trapo de familia. Es tan difícil conseguir quererse más allá de la vuelta de lo obligado. Es tan difícil tener ganas de ver a alguien y que ese alguien te quiera ver a ti. Es tan difícil esta maldita vida que por dios, nadie me obligue a asesinar mis cariños. Hasta el final estaré cerca, vuestro pueblo será mi pueblo: esto siento, así, como soy, junto con otro millón de cosas que se sienten por los que están lejos y estuvieron cerca, lejos, lejos, cerca, acertados, equivocados, tal y como yo estuve, pero míos, siempre, pero yo suya, siempre, a prueba de balas y de muertos, familia. Y que nadie, nunca, se levante para decirme que tengo que renunciar a mis afectos por un muerto. Ni por nada. Que nadie intente negarme jamás que soy una de los vuestros.

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