sábado, octubre 09, 2010

Amparo y defensa

Voy con mis padres en el coche, camino una vez más del hospital. A veces la vida es generosa y tú tienes ojos de treinta y cuatro años para poder apreciar su generosidad, y entonces el coche circula por la Alameda Apodaca y tienes a Cádiz y al océano viéndose entre los balaustres y toda la memoria de esas tardes del invierno en que me arrastré por aquí la gloria y unos cachitos de pena, y entonces tu padre y tu madre canturrean juntos Que son de piedra y no se nota las murallitas de Cádiz en un instante imprevisto de comunión y te da por sopesar la posibilidad de que aún queda algún espacio o algún cajón en el que guardar recuerdos buenos y que maldita sea maldita por siempre la mala vida que nos ha tocado vivir, pero que bendita sea bendita este migajita de momento en el que dentro de este coche puedo tener a mis padres cantándome una copla que nunca me aprendí. 

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