domingo, octubre 10, 2010

Ese modo inquietante y diabólico de detener la tarde

El collage es de Artelena
Llovía tanto que no parecía Madrid. Ella se acuclilló y apoyó la espalda en una de las paredes más sucias del mundo, y miró la lluvia como si España fuera otro país. No duraría, pensó, pero duraba. Buscó en el bolso y no encontró la Moleskine. Encima de la mesa se la dejó, junto con los auriculares menos mordidos por el gato. Y allí estaba, chorreando agua, escuchando por un oído la lluvia y el ruido de la estación, incomprendiendo a los fumadores, escribiendo en la parte de atrás de las fotocopias de Cárdenas y Bolaño. Soy un estereotipo, pensó. ¿Soy un estereotipo, aquí, con mis escritores chilenos, mis vaqueros rotos, mis converse rotas y mi chaqueta negra París años sesenta? Pero allí estaba la promesa falsa de que iban a quererla, y entonces qué importaba el estereotipo y tener 40 minutos por delante clavada en Valium hasta el autobús. Había calculado tan mal que llegó antes que nunca y cuando subió las escaleras mecánicas arrastrando la maleta, como cada vez, como cada una de sus vidas, pensó en un atisbo de pensamiento, el único chiquito que le dejaban las pastillas, Señor, qué sino el mío del viajar en solitario. Pero no le importaba realmente, ni a ella ni a sus drogas de aficionada, en cualquier caso habría sido hermoso verla caminar por el andén ojos cerrados rendidos a la canción con su remera verde de cuello cisne y su chaqueta negra y su pelo recién colorado y la maleta belga que aún seguía viva. Y todavía llovía y era imposible saber por culpa del repeat cuántos minutos habrían pasado. Cuántas vidas me han pasado, pensó. Y cada vez que le tocaba que le pasara una vida nueva pensaba que sería la última aunque sabía que no era así. Quiero ir a cantar en el homenaje de Álvaro It never entered my mind, pensó. Y no iría, pensó también. Y le pesaron la droga y los pensamientos y la incapacidad de hacerle frente al mundo, a la estación, a la canción que le machacaba un solo oído, a la mentira de que la iban a querer, a su estereotipo, a ese modo inquietante y diabólico de detener la tarde.

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