martes, octubre 05, 2010

La calle Arenal

Madrid, yo sé cómo estoy de verdad cuando te camino Arenal. Madrid, yo me mido los pasos en Arenal, yo me conozco el día según los centímetros de profundidad de bolsillo que busco con mi mano y según mi paso y mi caderamiento y la canción que tarareo, y si voy por la derecha o por la izquierda o por el centro. Madrid, me prestas el suelo de Arenal como termómetro, para que me vea bien en travelling y así me vea, y a veces me doy susto, y otras veces me doy orgullo, y otras me doy una especie de triste melancolía y otras hambre y otras me juro que me presto una mantita y me hago un té al llegar a casa y otras soy hoy, vestido recién estrenado y mis botas más usadas, mi chaqueta negra, y una canción que me grita tan alto que rompe los cristales del Teatro Real donde andan en mi honor con Rise and fall of the city of Mahagonny. Y, Madrid, por Arenal yo me sé más cosas de las que me sé siempre, como que nunca podré ser una falsaria aunque pueda llegar a ser una mentirosa, que sé caminar al ritmo exacto de mi alma, que ya he consumido todo el espacio arriba, más arriba, que sólo me queda el frente, que sigo amando, que adoro escuchar el ruidito que hacen mis pendientes, mi pulsera mapuche, las hebillitas de mis destrozadas Kickers, los titileos que me hacen las luces por dentro. Calle del Arenal, aquí sigo contra todo pronóstico volteándome hacia mí misma la mirada al verme pasar, deseándome suerte, deseándome ganas, maldiciéndome la fortaleza, esperando que esta tregua me dure para siempre.

1 comentario:

Pablo dijo...

Qué cosa, yo que siempre te imaginaba ahí, en el pasadizo de San Ginés, y resulta que te estaba adivinando