viernes, octubre 29, 2010

Me atacó la francofilia

Recuerdo mis años en Francia, recuerdo cuando me convertí en francesa. Recuerdo cuando sabía más de Francia que de España y leía a todos los autores exóticos de allende las colonias, llevaba Paroles en el bolsillo del abrigo, colgaba mi cartel de Cocteau, me vomitaba encima todos los diarios de Artaud, todos los fromages de chèvre, nulle part ailleurs. Luego me fui a vivir a Argentina y me volví argentina, pero ésa es otra historia, o no. Lo que quiero decir es que nunca hago nada a medias. Me puse a escuchar jazz y todo Coleman Hawkins. Me puse a quererte y todos los barcos. Me puse enferma y todos los tumores. Tengo la tabla periódica de los elementos de adorno en la pared. Me instigo las tripas con siete tipos diferentes de destornillador. Y estos seis días de gripe que tengo por delante tengo que hablar, hablar de mí, encontrarme dentro de mis inventos ésos hasta el fondo en que me convierto con tanta felicidad, reflejo mío frente a cualquier espejo que ni siquiera existirá, mujer incierta, mujer exuberante (sí, así), retorciéndose sola para sobrevivir a acometidas de olas imaginarias, dolor de no saber ser otra cosa que estas cosas raras que soy, incapaz, del todo, de estar tranquila sobre los desayunos, sobre los días que tienen una tarde y una hora para irse a acostar, incapaz de estar tranquila sobre el amor si no es amor de matar y morir, sino te aman las mareas y las costas mientras te tienen entre los brazos, incapaz de levantarme sino es para desgarrarme; no sé cantar sino es con el hígado entre los dientes, no sé viajar sino es sin billete de vuelta, no sé caminar sino es en singladura y mostrándome en escorzo a la cámara del mundo. Calma, me dicen. En la calma soy la propia calma que no es más que todas las inquietudes removidas hasta el punto del merengue. Dame más, mundo, trouble me, que si no me mudo a Rusia y me convierto en rusa, me mudo a la frontera mexicana y me vuelvo trailera, me mudo a Brasil y canto todo Chico en un disco con sus ojos en la portada, me mudo al Chaco y les doy de merendar a los huérfanos. Mundo repugnante, ponme el suero o te lo robo.

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