sábado, octubre 09, 2010

Once I laughed when I heard you saying

Anoche, volviendo a casa después de andar viendo a un amigo verdadero, caminando lento por la calle de Los Moros a causa de la droga, cantando lento por la calle Valdés a causa de la droga, me fui sopesando el empuje para ir a Cornellá al homenaje que le preparan a Álvaro, hasta que me llegó un momento carretera en el que empecé a cantar un poquito aquella canción que hacíamos siempre él y yo por las Ramblas o por cualquiera de las Barcelonas. Y no pude, porque se me rompió la voz y en vez de cantar lloré and wish that you were there again. Y cuando llegué a casa tuve que darle la vuelta al bloque para paralizarme ese estado antes de entrar en la casa de mis padres, y allí, frente a mi paso, en la chapa del cerrado, alguien había escrito con spray: Álvaro. De entre todos los nombres, Álvaro. Ahí me quedé, masticando sincronía, sabiendo todas esas cosas sabias que parece que hay que saber cuando alguien que quieres se muere, sabiendo al mismo tiempo que aunque podré no voy a poder cantar esa canción sin acordarme de él en carne viva y de todo lo suyo que he vivido y de todo lo suyo que me he perdido y de todo lo mío que me estoy perdiendo, sabiendo que hay que seguir, seguir capitalizando pérdida, seguir no soportando más pérdida, seguir viviendo con esa conciencia profunda del error que a veces no te deja respirar, seguir esperando que llegue un día en el que no me siga sintiendo uneasy in my easy chair y pueda hacerle honor a estar viva.

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