domingo, octubre 03, 2010

Please do sex me up, please do tie me down

Me han ordenado los dottores que me drogue, y aquí estoy, drogada, con la mente al fin en blanco, incapaz de ningún pensamiento aunque lo intente. Todo me da, genuinamente química, lo mismo. Qué descanso. Mi amigo recuperado me dice que así es como es la vida para casi todo el resto de la humanidad. Me dice, mientras me atiborra de helado, que él nunca piensa en ninguna de esas cosas en las que yo pienso. Y al verme tan indiferente al medio y tan sonriente me dice que debería aprovechar él para llevarme al Parque de Atracciones o al Teleférico para que disfrute por una vez sin el empañamiento del devenir. Lo del empañamiento del devenir no es auténtico dixit, fue de otra manera que me lo dijo gritándome entre el ruido de un bar lesbiano que hemos encontrado en el barrio, pero así lo interpreté yo enmedio de esta deliciosa bruma drogadicta en la que Dancing Queen me parece la mejor canción de la historia, aunque me pase el día escuchando la Segunda de Mahler, los dos Clube da Esquina y las canciones que me gustan de Alanis en random. Llevo tres días almorzando y cenando huevos fritos con patatas (menos cuando mi amigo recobrado me ha preparado un almuerzo contrarrestador de futuras enfermedades coronarias). Calígula me mira con aprensión cuando bailoteo por la casa sorteando el desorden de ropa de invierno y de verano y libros por el suelo donde me tumbo a leer encima de su manta. Hace rato que sospecho que mi voz interna confundidora me confunde y ahora que no la oigo y que me parece que Joni Mitchell exagera, no la echo de menos y lo mejor es que tampoco echo de menos sospechar de ella. Ah, si pudiera vivir siempre en este clarificador encefalograma plano, que poco yo sería yo, qué chica encantadora y sutil, con ese flequillo inspirado que me corté anoche a las cuatro de la mañana, con ese primer concierto de cantante de boleros que daré el miércoles. Y tú, jazz, qué insufriblemente doliente me resultas, pianito crescente de dolores del minuto 4 y el segundo 7. Sea Alá por siempre alabado por regalarme este otro lado de la orilla en el que se vive y punto, en el que a la vida no le saltan las esquinas y las costuras a mi paso, en el que una rosa no es una rosa no es una rosa no es una rosa sino sólo una rosa, y el océano, una masa de agua salada que no tiene capacidad de llevarme traerme contenerme reclamarme desunirme asesinarme llorarme porque no sabe adónde se va ni adónde se tiene que ir.

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