viernes, octubre 01, 2010

Putrefacto

Fuimos a Valladolid en tren compartiendo sandwiches vegetarianos con Raúl y las guitarrras y los teclados hasta la casa de una hermosa amiga Beatriz y en Valladolid, ciudad Cruzada, nos subimos al escenario a canturrear, me coloqué unas plumas coloradas en las botas, le busqué el pop a la vida, me convencí de que no había vida como la vida mía. Luego me pasé todo un sábado con mis amigas viendo la tele y comiendo chocolate, un sábado feliz rodeada de mujeres, en la calle pintadas y en la casa calcetineadas. Y el domingo bajo el sol y las calles empedradas y los pucelanos endomingados para sus misas, paseé con Aurora hasta la risa o la tragedia, comimos los tipismos de la ciudad, tuvimos frío, me agujerée más los vaqueros con la piedra arenisca restaurada del Registro Civil, quise, tanto, volver a verte. Y en Valladolid con cucharitas de café me desmedí la vida y anhelé sol y anhelé dejarme ser de una vez por todas eso que ya soy, yo.

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