viernes, octubre 29, 2010

Soy una cajita de historias guardadas pero lo peor de mí no es eso

Mientras vivo escribo en mi cabeza, pienso en cómo escribiré luego lo que estoy viviendo. O peor, a veces voy reescribiendo otra versión en mi cabeza de lo que está pasando, porque el tamiz de la palabra puede endurecer o ponerle un profundo a la vivencia que no la tiene. Por eso cuando necesito trascendencia agradezco los largos pasillos de metro, como el de Embajadores, y un vals en mi oído, porque dentro de mis pasos hay espacio para miles de palabras arquitectura de historias que no me pasan o que me pasan sobre un suelo sucio y a las que yo le pongo alfombra retórica hasta el desmayo de la belleza (yo no la siento en mis rodillas y la injurio, yo la busco porque me muero cuando pienso que el universo es marrón cuando yo quiero l'azur l'azur). Y cuando estoy quieta o estoy hablando muchas veces se me ocurre que sí, que es verdad que tengo una locura portátil que me da capacidad de enferma de amoldar las cosas a mi partitura verbal. Mira ese pájaro: no es pájaro, es vuelo desvaído, dolor de ser en su paso pequeño sobre el asfalto de la ciudad. Mírame a mí, bicho suelto, atrincherado tras su muro de universo propio que no necesita al mundo, para quien el mundo es una pecera o una película fea que luego se cuenta más alta o más bajuna. Te miento, mundo, constantemente, me invento el amor, me invento el dolor, me invento las ganas. Escribir no es recrear, es sastrear Balenciaga con las letras sobre las deshechuras de la señora Vida, estar siempre en un escritorio y obviar la realidad. Y por eso me inadapto, porque pocas veces lo que pasa está a la altura de lo que esperan mis libros. Y cuando pasa, cuando llegan solos los brillos, quién sabe si son brillos o son mis lentes especiales atrapadoras de estrellas mundanas, mi pulidora dramática. Por eso muchas veces me convenzo de que estoy enferma adentro de la cabeza, que no sé distinguir verdades de mentiras, si la verdad es lo que transcurre y la mentira es lo que se construye, y quisiera desaparecer a otro lugar donde no tuviera que rendir cuentas de las cosas que son más hermosas o más terribles cuando yo las escribo o cuando yo las cuento. Y también: el amor que para siempre es una recreación o un hambre del amor perfecto que una vez me inventé en el Passeig de Gràcia y amé en la perfección de mi literatura.

2 comentarios:

Casi Angeles dijo...

Te vengo siguiendo desde zonalibre, felicitaciones por la nueva direccion y mucha suerte

Loulou dijo...

Muchas gracias, qué paciencia la tuya. Estas cosas me dan corte, si puede creerse.