martes, noviembre 16, 2010

El miedo más profundo de escribir: no escribir

El miedo más profundo de escribir: no tener algo que decir, algo que alguien quiera leer. Escribir es buscar vetas de mineral y a quién le gusta rebuscarse pico y pala por dentro hasta encontrar carbón. Porque lo que escribe el que escribe nunca está afuera más que en trampolín, y es en una tripa invisible donde se agolpan los sentidos del que escribe, es en su manera única de mirarlo todo desde fuera, despertenecedor, animal solo, donde encuentra la forma de contar como si fuera el corazón y el jalador de la cola del mundo. El miedo de escribir: contar una historia, de un modo en el que las palabras tengan por el cuello, esclavicen a su cadencia o desaten el llanto o hagan la sonrisa; un modo de unir las palabras, de enzarzar las frases para que atrapen, cuerdas, y transporten, planeadoras. El miedo más profundo de escribir es no tener algo que decir o que cuando se tiene no se sea digno de la herramienta de trabajo, no vislumbrar, no ser capaz de llegar hasta esa luz que la palabra deja por dentro cuando la esculpes, cuando la escupes, esa luz que la palabra se deja por fuera cuando la acaricias barro hasta su canto de muerte: la grafía. El miedo más profundo de escribir: ser el que escribe y el que se pierde la vida, ser el cruel desmembrador palabra en ristre de lo que pasa, vivir de través. El miedo más profundo: ser tu propia literatura, descubrirte atada a la escritura y rogándole a la vida que vuelva. El daño más profundo de escribir: el peaje altísimo que hay que pagar para transitar la carretera de la verdad escrita. Quiero vivir, no quiero escribir. Volved, calles para ser cruzadas, que escriba el otro que me habita, que él se mastique ese miedo profundo, yo quiero estar respirando y no calibrando en balanza la palabra. Que escriban los demás, que los demás me cuenten la vida hasta dejarme exhausta de sentimiento, primero que me quede exhausta yo de tanto estar viva, por ahí, en cualquier lugar en el que no tenga que sentir la angustia del papel enfrente de la cara y tener que alcanzarlo alto tan alto en su altura, que no tenga que estar encontrando siempre razones para no escribir.

No hay comentarios: