sábado, noviembre 27, 2010

Sin Dios y sin vos y mí

¿Te acuerdas de tu peor miedo? Pues aquí lo tienes, delante tuya, desnudo, desplumado de su adorno, cumplido, después de hacerse fuerte ante tu puerta se te adentró adentro de la casa y soberbio se presenta, seguro de que seguirá creciendo, pichón alimentado por tu mano. ¿Te acuerdas de tu peor miedo? Este miedo que presentiste hace años, ante el que meneaste la cabeza, segura de que no te llegaría y sin embargo segura de que ya estabas poseída de su estrella, aquí lo tienes, ya caminó el camino hacia tu encuentro, calle Corrientes; queda mucho tiempo para que suene su hora y sin embargo él está preparado, listo, ya. ¿Qué harás, con tu peor miedo? ¿Masticarlo, romperte la mandíbula contra él inalcanzable, ignorarlo y seguir, cadáver? O dejarlo equivocarse. O dejarlo envanecerse. O plantarle batalla (pero sabe que te derrotará). Tic tac, dice, mientras te los mira, los ojos. Tic tac, dice, mientras le calibras el calibre. Y sabes. Sabes que no lo sacarás a patadas, que lo invitarás a acostarse tras la puerta y le acariciarás la cabezota mientras le dices que sí, que es así como será, pero que no sea más miedo, que ahora ya puede estarse tranquilo de ser certeza y cambiarse en doméstica la apostura.

1 comentario:

Pablo dijo...

Vamos todavía, bajándole el precio a la valentía.