domingo, diciembre 26, 2010

El cielo austral

Es todo terreno la aflicción: se sube a los aviones, se embarca hacia los mares, se trepa los escalones de los bondis y de los museos. Es derrotable, la aflicción: sólo hay que dejarle espacio al mundo, sola la mente sola se solaza y se consuela y se conmueve, se sienta en el peldaño de piedra hacia la luna llena, se gira hacia un Orión alto que aún no se inclinó sobre la montaña, se transmuta al encontrarse consigo misma en esa misma montaña, se santifica ahuecada por el amor de los otros. Este lugar, despojado de su carga, despojado de mi extravío, es otro lugar, bendecido por Betelgeuse y esta semana de luna llena sobre el camino, y ahora me puedo querer unos centímetros, y aquí sueño que dibujo un monstruo de la Vega y le pinto trazos verdes a las patas y hay un hombre que se sonríe al ver mi bicho y me quiere, cara al sol. Y al despertar y ver el techo inclinado de madera me agradezco el haber venido a reconciliarme conmigo misma, a terminar de destruir aquella yo enfermada que fui, a intoxicarme de perdón, a dejarme el pastel de mi mundo entero para mí. Pero es todo terreno la aflicción, y tiene colmillos, y me quiere mal. Tengo que mandar a Orión a que le persiga las Pléyades.

1 comentario:

Ch dijo...

No te imaginas cuanto me patacheo con tus escrituras
a veces me ha asustado tu craquelè.
ahora ,estos ultimos les leo como un caramelo que se paladea,
y me llegan tus fuerzas para contigo.
lo austral le va bien a tus tonos?
te quiere
chanta Lucia