martes, diciembre 28, 2010

Un amigo en las Ciudades

Para Nico
Nunca me había sentado en un banco del Parque Lezama a la tardecita a ver la gente pasar, a charlotear con los pies subidos al verde, a acariciar a los perros paseanderos, a descansar por unas horas del dolor que me da vivir y hacerme la ilusión de que pertenezco. Y a respirar bajo el calor de la primavera que se acaba palmeras, patas de buey, tipas, palos borrachos, jacarandás, ombús, ceibos, que dan sombra a los que juegan al ajedrez o al backgammon tejiendo sus recuerdos futuros, mirándose a los ojos confiados al cariño mutuo como yo ahora te miro a ti mientras cuentas tu comienzo de vida en Buenos Aires, tus ansias de tenerla entre los brazos a la Maru, los vestidos que miramos para ella, las calles hasta aquí desde Plaza de Mayo que buscas en la Guía T.
Desde una mesa al lado de las ventanas que dan a la calle Brasil en el Británico, miro en escorzo Mi Espejo y veo reflejada por detrás tu cabeza. Pienso. Cierro los ojos. Se me despedaza por dentro el párpado. Rezo. Desde una mesa del Británico, en el lado que da a la calle Brasil, que pudiera ver reflejada por detrás su cabeza en el Espejo.
Una ciudad y una vida son menos escupidoras, más amables, en la Ciudad con un amigo al que llevar a la Giralda y garabatear una servilleta con lo que quedó de ristretto en la punta de la cucharilla mientras él negocia sus horas de amor. Una ciudad y una esperanza de no odiarme son posibles en las Ciudades con un amigo que en moto nos cruza los puentes o nos lleva al Parque Sarmiento por la noche a ver las luces desparramadas de Córdoba mientras tras los árboles la cumbia es el verano de los otros y yo me siento más sola aunque esté más arropada sabiendo que para alguien esta vista será marco, recuadro y luz de noche trascendente y para mí es trascendentalmente un respiro dentro de la noche de mi mal. Con un amigo que me trepa por la cintura a la rama de un algarrobo es más fácil la Ciudad y es más fácil estar viva, a pesar de mi corazón maldecido a punto de estallar, es más apacible y menos sangre removida buscar en el fondo de la Cañada el agua cordobesa, caminar Corrientes abajo hasta el Luna Park, con sandalias y el mundo de dos días en el bolso, hacer la cola para Dolina. Y yo, que soy capaz de toda la maledicencia contra el mundo y de toda la piedad sobre el mundo, mientras me pides cuchilla en mano que te arregle la barbilla, vislumbro, al fondo de mi alma, algo que debo haber hecho bien en la vida para ganarme este afecto. Así, otras Ciudades me esperan allá abajo, gracias a ti que me prestas lo que te sobra de las ganas de estrenarte el mundo como sombrero de gala. Así, me doy tregua porque no tengo que caminarme Sola las ciudades, porque voy contigo.

2 comentarios:

acercandra dijo...

Lou Lou on beauty. Chapeau

Loulou dijo...

Loulou on.
Gracias por estar leyendo siempre.