martes, enero 11, 2011

Habrá un miedo que nos salve

Quiero ver caballos vivos, vertebrados sobre la hierba, gloria sin rienda. Y dos lunas: una vapor fuera, refractaria, la otra que no pueda y se queme papel contra nuestros animales.
Quiero ver pájaros vivos, enormes pájaros que vinieran en la mañana picos y alas, crimen mirar su corazón o sopesarlos, toda la montaña.
Hay una canción que se termina en las tardes y somos y es lágrima demolición, y son tus dedos, un horizonte tan largo, lo que no viene, el mar. Cuando me matabas, gris contra el ocaso, casi negro, revirado altivo, fuiste tan hermoso que te confundí con el mismo sol. Ciega yo, ceniza tú. 
Sobre los caballos: no hay mayor hambre, no hay mayor luz, se acaba el día, rompemos los trigos, rompemos alma hasta el río, la tierra mía. Y tú ya estabas muerto. Zumbaban: las chicharras, la miel con que te perdiste, el dibujo que te tuvo, el agua encerrada, el dios que no nos viera, los dolores.
Todos los hombros tuyos en los que yo no haya apoyado mi cabeza y que quedan en el mundo no son más que una cáscara sola sobre lo que se necesita para romper mi corazón: vértigo, un estilete, terciopelo verde para sujetarlo mientras se raja, estar callada, que salga el tren. Y así quedará la cara huérfana, el corazón arrancado de Chopin, el alma muerta, un arranque húmedo que me empujará a todas las mesas.

No se puede uno suicidar sin antes asesinar a su sombra para que no sufra luego en soledad

Es de noche y por dentro de la casa y de sus hongos y líquenes huéspedes cromáticos se ha rendido algo. La casa sabe que ya no es el barquito en el que navego y se deshace yeso y dolores, se llora las paredes por dentro hasta que le brota por fuera lo podrido. Escupe tranquila, casa, y luego con los interiores despejados, mira, mira en qué cuadritos te bordo a punto de cruz tu babor y tu estribor. Porque anduve subida a otros barcos más majestuosos pero tú eres mi trocito enlosado de amarillo, tú guardas dentro todas las porquerías en las que me abismo de recuerdos futuros verdaderos y recuerdos pasados inventados, y al Gato. Yo te salvaré. Y no te contaré mis cuarenta y tres singladuras otras para que no te enceles. Y te cuidaré hasta que tenga que dejarte. Porque en cuanto te vi supe que me ovillaría adentro tuyo, porque hemos estado juntas paredes y persona, porque te encendí lámparas y velas, porque pasarán años y me acordaré de ti, porque estás viva, quejándote a resquebrajo y cieno puro por lo que llega. Porque tuve otras casas que amé más que a ti, otras casas que me albergaron mejor que tú, pero tú sencilla y viejita me tejiste echarpes de lana alrededor y me miraste enroscada a mis tazas de té como un koala, porque no me lloviste encima y me atesoraste adentro tuya. Casa de la que tengo llave, y decir eso no es decir cualquier cosa.

Matadero Liniers o los europeos os morís por esas cosas


Bajar del tren en Liniers y cruzar la galería, bajar la escalera, ingresar en Latinoamérica, ese lugar donde los carteles de cosas que se venden proliferan en las aceras y tapizan las tiendas de celulares de segunda mano y las parrillitas de apariencia inmunda aunque incomprensiblemente acogedora, ese lugar argentino en el que las agencias de remises tiene una puerta en la que se arremolinan los chóferes sin mangas y te miran y te dicen al pasar, ese lugar donde hay dieciocho mil ramales distintos del colectivo 21 que hay que tomarse para ir hasta Vicente López, ese lugar en el que puedes comprar cosas que se comen a los carritos que pasan con sus botes dudosos de salsas dudosas  y riquísimas si llegan las nueve de la noche y estás atrapado en el trayecto hacia alguna parte. Y el cielo arremolinado con sus nubes argentinas que pueden llover hasta el estruendo o quedarse tranquilas deshechas blancas sobre tu cabeza y bajo ese sol que nos trastorna la vida y nos devuelve la vida.Y la ventana del bondi en la que te apoyas para verte pasar sobre las calles, las cuatro chicas que explotaban de adolescencia en la trasera de la camioneta roja, los puentes sobre la General Paz, Buenos Aires sólo tuya en sus miles de kilómetros desde lugar hasta lugar, tú tuya desde ti hasta Buenos Aires, el matadero Liniers gentil en sus trasmallos hacia todas partes.