martes, enero 11, 2011

Habrá un miedo que nos salve

Quiero ver caballos vivos, vertebrados sobre la hierba, gloria sin rienda. Y dos lunas: una vapor fuera, refractaria, la otra que no pueda y se queme papel contra nuestros animales.
Quiero ver pájaros vivos, enormes pájaros que vinieran en la mañana picos y alas, crimen mirar su corazón o sopesarlos, toda la montaña.
Hay una canción que se termina en las tardes y somos y es lágrima demolición, y son tus dedos, un horizonte tan largo, lo que no viene, el mar. Cuando me matabas, gris contra el ocaso, casi negro, revirado altivo, fuiste tan hermoso que te confundí con el mismo sol. Ciega yo, ceniza tú. 
Sobre los caballos: no hay mayor hambre, no hay mayor luz, se acaba el día, rompemos los trigos, rompemos alma hasta el río, la tierra mía. Y tú ya estabas muerto. Zumbaban: las chicharras, la miel con que te perdiste, el dibujo que te tuvo, el agua encerrada, el dios que no nos viera, los dolores.
Todos los hombros tuyos en los que yo no haya apoyado mi cabeza y que quedan en el mundo no son más que una cáscara sola sobre lo que se necesita para romper mi corazón: vértigo, un estilete, terciopelo verde para sujetarlo mientras se raja, estar callada, que salga el tren. Y así quedará la cara huérfana, el corazón arrancado de Chopin, el alma muerta, un arranque húmedo que me empujará a todas las mesas.

4 comentarios:

Juan Pedro dijo...

;)

Loulou dijo...

No sé cómo tienes tiempo de pasarte por aquí, con tanto tuit. ¡Muá!

Mery Malaya dijo...

La sombra de la acacia que ví por primera vez, más allá de la línea del miedo quizás esté (Aziza Brahim).

Potente tu escritura, Loulo

Un saludo.
Un abrazo.

Loulou dijo...

Muchas, muchas gracias.
La sombra de las acacias tiene gran efecto en la gente.