martes, enero 11, 2011

No se puede uno suicidar sin antes asesinar a su sombra para que no sufra luego en soledad

Es de noche y por dentro de la casa y de sus hongos y líquenes huéspedes cromáticos se ha rendido algo. La casa sabe que ya no es el barquito en el que navego y se deshace yeso y dolores, se llora las paredes por dentro hasta que le brota por fuera lo podrido. Escupe tranquila, casa, y luego con los interiores despejados, mira, mira en qué cuadritos te bordo a punto de cruz tu babor y tu estribor. Porque anduve subida a otros barcos más majestuosos pero tú eres mi trocito enlosado de amarillo, tú guardas dentro todas las porquerías en las que me abismo de recuerdos futuros verdaderos y recuerdos pasados inventados, y al Gato. Yo te salvaré. Y no te contaré mis cuarenta y tres singladuras otras para que no te enceles. Y te cuidaré hasta que tenga que dejarte. Porque en cuanto te vi supe que me ovillaría adentro tuyo, porque hemos estado juntas paredes y persona, porque te encendí lámparas y velas, porque pasarán años y me acordaré de ti, porque estás viva, quejándote a resquebrajo y cieno puro por lo que llega. Porque tuve otras casas que amé más que a ti, otras casas que me albergaron mejor que tú, pero tú sencilla y viejita me tejiste echarpes de lana alrededor y me miraste enroscada a mis tazas de té como un koala, porque no me lloviste encima y me atesoraste adentro tuya. Casa de la que tengo llave, y decir eso no es decir cualquier cosa.

1 comentario:

Hombreloco dijo...

cuantas aguas rolaram,
cuantas casas me amaram
bem mais e melhor que voce...