lunes, febrero 07, 2011

El amor, ese contrapunto a las muelas rotas, al hastío, al motor de gasoil

Un día tras otro día en que la fealdad del mundo te conmueve hasta el hueso. Un día tras otro día tras otro día en los que sólo ves pasar de los demás ante ti el desamor desinteresado desambicionado por vivir. Un día tras otro de raíces maléficas cavándote el cachito minúsculo de corazón que te quedó. Un día y otro día de mirarse en el espejo aquella mirada y no poder medirse la tristeza porque la tristeza se nos murió y hace rato que nos instalamos en la siesta de la indiferencia supina y hasta Madrid tierra de consuelo se nos vuelve feo. Y de pronto oh milagro, oh milagro repentino de dorados en el techo y butacas tapizadas de terciopelo, oh milagro de las palabras, oh milagro de gente que le mide al mundo la belleza en sus teclas semitonos y en la grandeza de las caídas y en el verbo. Oh milagro verbo. Oh milagro aria. Oh milagro Hemingway. Oh milagro Louise Brooks bailando y batiendo palmas. Oh milagro de tú mirándome hasta el fondo del ombligo de mi ojo, oh milagro de tú beso contra el diente, contra todas mis puertas y avenidas. Oh milagro de mandarina ofrecida a gajos. Oh milagro de las uñas de la luna sobre el Palacio Real. Oh milagro de manos y bondades y ganas de rajarse todas las telas. Oh milagro de los que son felices sobre un escenario o entre tus piernas. Un día tras otro de no encontrarse con la fuerza de seguir porque la fuerza de seguir sólo es capaz de alimentarse de pasos en falso y de cositas así, superfluas, caviares del alma, palabras, de otros que como tú desoportan los días tras otros días sin un arrancado de lágrima sensible, días sin paradas y sin fondas desde las que contemplar apoyados en la barandilla, hojas, unas piedritas, quince notas una detrás de otra que te arañan espalda abajo como tu mordida, como tu hambre de mirarme, como la cantata 6, como la Garbo en su fotograma, como una oscuridad que se hace antes de que todo empiece, en el teatro, una oscuridad promesa de otro lugar en el mundo, un lugar donde no existen los días tras otros días rellenos de lo feo de romperse de dolor porque nadie haya construido un biombo entre tú y el mundo que no te interesa, un lugar donde quede espacio para deshacernos y para que una catedral en si menor nos cambie el norte. Oh milagro tú.

2 comentarios:

Abril Mayo dijo...

Qué bella es usted, señora.
Primaverea. Oh, milagro. Quiero mandarinas.

Loulou dijo...

Dame más mandarinas.