sábado, abril 16, 2011

El interruptor del sentido privilegio

A veces todo consiste en darse cuenta de que se está viviendo el momento del privilegio y no dejarse amilanar por las caducidades o por los pinchos fervorosos que alrededor acechan con saña en contra de lo hermoso. Da el clave un re mayor puritito temperamento Bach-Lehman. Afinan los violines. Confinan las violas. Afinan las tres trompetas barrocas. Y desde el rincón que me han dejado asisto al espectáculo bañado por la luz milagro de un abril extrañamente veraniego en Madrid, a través de los primeros ventanales que puedo llamar orgullosamente grandes ventanales del Cisneros. Ciertas músicas que has escuchado tantas veces a lo largo de los años de tu vida que es complicado separarlas de tu vida, mías y no sólo mías, compases compartidos sobre todo con Rodrigo que ahora me ha traído de invitada, regalo sin envolver, más allá del calibre de la interpretación el símbolo de la pasión por la música, que viene a ser la pasión por vivir, que viene a ser la encarnación de una gana de que cada día haya un momento privilegio del que no ahorcarse, un momento en que el tempo sea glorioso y todo encaje voluta dentro de la esfera. Como una mirada primera sorprendida al mundo alrededor en la que todo se reconozca brillantez y posibilidad, como ese momento que se recoge en fotografía y nunca muta ni vira ni cabecea. Que no haya dios pero por dios que haya música.

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