domingo, mayo 22, 2011

El jardín Pushkin

La casa añil y los columpios con forma de hipopótamo, el busto de Pushkin con la cabeza de lado, ofreciendo jocoso su perfil (nunca lo había visto tan contento ni tan mulato), los parterres descuidados como si el jardín hubiese sido jardín hace sesenta años y luego lo hubieran abandonado, la vitrina donde a la Virgen la cuidan San José y un campesino (por qué seguiré escribiendo estas cosas con mayúsculas), los hombres jugando a la pelota con la gorra puesta, la panadería enfrente sobre Cuauhtémoc donde compro levadura, los bancos colados inhabitables pero tan preciosura en sus colores devastados de construcción y en su barrido de hojitas caídas de los árboles, el mercado de hoy donde compré tortillas de maíz y tortillas de maíz azul y chicharrón frito y un señor que vendía yerbitas al pasar me dijo su bolsa va muy vacía y me alargó una ramita de algo que olía a verbena, que sea Álvaro Obregón hasta ahora la médula que me sostiene el México, que ande yo caminándome México bien sostenida la cadera por los vestidos con los que llené la maleta, que sea Пушкин el que me da la bienvenida.

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