viernes, mayo 13, 2011

El verbo deparar sólo puede utilizarse en momentos así

Desde el avión fui llegando al DF encapotado; vi las montañas, me pregunté si alguna vez sabría sus nombres, si estaría aquí el tiempo suficiente, el adentro suficiente como para distinguir unas de otras. Vi casitas bajas de color cemento o de color colores, y ésa es la imagen que pudiera quedarme para siempre, junto con la de cada vez de aterrizar con mi maleta verde en otro aeropuerto y empezar a encajar idiosincrasia nacional desde los carteles o los señores que te sellan el pasaporte, desde la carretera que enfila hacia el amor de los que te acogen los primeros tiempos, desde el precio de la gasolina o del café, desde la forma de las tazas y de la forma de llamar a las tazas. Llego a México con alfombra extendida bajo los pies,con todo el espacio del mundo delante, con todo México adelante y por una vez con ninguna puerta cerrada detrás. Aterricé en México con todos mis arrebatos engrasados, pero en calma. Aterricé con todas las intenciones de no tener intenciones, pero volitiva. Montañas, aprenderé vuestros nombres. Lo mejor es que estoy segura de que vosotras os aprenderéis también el mío.

2 comentarios:

Piticli dijo...

Qué bonito, Lou Lou. Como siempre... Estoy segura de que México y sus gentes te tratarán como mereces. Te quiero muchísimo, mucha suerte en esta nueva aventura.

Loulou dijo...

Gracias, Piticli, yo también te quiero mucho, ven, ven.