domingo, mayo 08, 2011

Entrego ao vento os meus ais

Es la hora en que las lagartijas salen al último solcito de la tarde, a mi paso por la acera barro cocido y mármol corren corren a esconderse entre los parterres de los chalets. Vengo de sal hasta la boca y el pensamiento, conforme se me va secando el pelo enredado al sol en mi paseo me caen en los hombros los granitos sílice que llevo de haberme acostado en la arena seca recién salida del agua. Helada. Nadie entre el celeste del cielo y el azul petróleo del mar, más que yo y el pescador con sus dos cañas, nadie en el límpido del viento cortante que me deja ver las cúpulas de la Catedral allí hasta Cádiz y la Alameda desde donde yo misma sentada en mi poyo de piedra podría estar mirándome. Éste siempre es mi sitio entre los paréntesis de mandarme cruzar los océanos o las europas, estas tardes de primavera u otoño que me paso sola ante el mar sin medir lo que vendrá o lo que fue, sólo quieta parada en la playa de cuando era chica, sin ver camino adelante y sin ver camino detrás, sólo acurrucándome ante esas aguas que me han revolcado o acogido calmas en todos mis años, sólo queriendo quedarme hasta que el sol empieza a ponerse para caminar todo ese paseo de vuelta hasta la casa de mis padres donde todo anda siempre en sombra, donde casi siempre me conservo en sal y arena hasta bien entrada la noche para recordarme en brazos y piernas mis horas de playa recogida detectives salvajes o fantasma de Harlot dentro, siempre los mismos libros para bucearme ahí sí los cambios de talante o el alcance profundidad de comprensión, siempre los mismos renglones y las mismas frases donde me reencuentro con la yo inalterable de siempre, siempre esos mazacotes que me pesan luego en el hombro los cuarenta minutos de camino hasta la casa, siempre yo con los anhelos tan acabados que da pena verme en mis arrastres enganchada a esos bueyes que desean por mí, que avanzan por mí, que me guardan de mis corrientes que laten por debajo de todo, que me protegen contra esa sangre que me ahogaría tranquilamente en el mar sujetándome la nuca. Siempre yo sola eligiendo mi manera de convertirlo todo en cachivache, siempre yo rescatadora de trocitos, luz que se mata, grandilocuente en mis valentías, minúscula como me vuelvo en lo cobarde cuando el miedo a estar torcida me puede, hasta que llegan mis bueyes y me enganchan a su yugo y tiran de mí y me llevan tierra adentro, a otros lugares donde el ruido me entretiene un rato, donde los fuegos artificiales decepcionantes que soy hermosean los cielos de los otros. Un rato. Ese rato. Una paz dentro de las hecatombes, una yo más yo que se deja vivir y se olvida de sus dolores y te regala el corazón crecido en trastorno. Yo, esa cosa que de tanto serla se me cuela entre las manos aunque me permanezca dentro densa como carne de membrillo o guirlache años adelante. Y mi pie camina sin cansarse, mi pie de esa yo que, contra todo pronóstico, quiere seguir siendo yo.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Debe estar bien eso de tener un sitio en el que purificarse y descansar, volver a ser y reencarnar, hacer cuentas y encajar, cerrar puertas y entornar, etc

Loulou dijo...

Debe. Cuando lo encuentre fuera de un libro lo cuento.

Anónimo dijo...

Criptograficamente leído el mensaje: "salen a mi paso y corren de los chalets hasta el agua helada. Nadie cortante me deja sentada. Me paso sin medir camino y sin ver el sol de vuelta. Me conservo bien en horas salvajes. Siempre enganchada a bueyes que desean, por debajo, todo, sujetándome la nuca. Me vuelvo cuando tiran de mí y me llevan adentro un rato. Soy un rato. Dentro, una yo que se olvida que se me cuela como carne y sin cansarse quiere seguir". ¿Es correcto?

Loulou dijo...

Mucho mejor que el mío, en realidad. Tengo que probar esa técnica.

Loulou dijo...

Me he quedado tocadísima.

Anónimo dijo...

A esto podemos jugar todos y rizar el rizo: “Al último corren al haberme acostado salida. Más el pescador con sus dos cúpulas mirándome los paréntesis, queriendo ponerse todo, hasta brazos y piernas, para bucearme de profundidad, donde me pesan los cuarenta minutos con anhelos que me laten por esa sangre. Me ahogaría mi manera de convertirlo en trocitos. Me enganchan a otros lugares donde me entretiene de los otros. Deja vivir, dolores, esa cosa, aunque me permanezca dentro”.

Anónimo dijo...

Pues es divertido y ahí van algunas alternativas más. Es lo que tiene estar en casa sin nada que hacer.

1)Lagartijas. Vengo de pensamiento enredado. Entre el petróleo, el viento, la Catedral y mi piedra podría estar parada en la playa acurrucándome ante mis padres hasta recordarme los cambios o los renglones. Mis arrastres avanzan tranquilamente. En el mar se mata el miedo y hermosean las hecatombes y te regala las manos de membrillo.

2)Es tarde. Barro mármol que llevo en la arena del mar. Éste era chica que empieza a caminar. Anda de playa fantasma y me reencuentro con mazacotes que, acabados por mí, guardan todo cachivache grandilocuente. Lo cobarde me puede y el ruido más crecido densa adelante.

3)Solcito entre los parterres va secando mi paseo celeste y azul. Nadie donde yo misma. Sola vendrá o quieta detrás. Me han revolcado mis años. Quedarme siempre en sombra, donde detectives de comprensión me protegen, eligiendo mis valentías en su tierra, donde, decepcionantes, los cielos trastorno yo.

4)La hora en la acera conforme el sol seca mi sitio. Sin ver camino donde la noche, siempre inalterable, da pena. Mis corrientes de luz torcida llegan a los fuegos artificiales. Ese corazón camina siendo yo.

5)Boca y pelo me caen en granitos. Del cielo que yo, es mandarme cruzar adelante, hasta la casa de casi siempre, alcance frases de paz. Yo, contra todo pronóstico.

6)Por esconderse los hombros de cañas ante el mar paseo los mismos libros de camino siempre, tan rescatadora, minúscula como bueyes de años.

7)En sílice límpido de Cádiz, en las europas que fue, cuando calmas para dentro, siempre verme sola de esa yo.

8)Qué cocido ver allí estas tardes. Esas aguas en sal y arena, siempre talante. Yo en el hombro, siempre yugo de tanto serla entre mi pie, mi pie.

9)De la Alameda de siempre acogido. Entrada recogida de la casa por mí. Qué rato. Una de guirlache o qué.

Anónimo dijo...

Ese rato se olvida como carne.

Loulou dijo...

Quiero que sepáis que me llevo el post imprimido al avión para entretenerme haciendo estas cosas. Al menos lo intentaré.

Inca Pullo dijo...

Vaya entrada más popular. Vaya mensajes más extraños. Me gusta el ambiente. A lo mejor me quedo

Anónimo dijo...

Es la hora en que vengo hasta la boca recién petróleo quieta acurrucándome queriendo aguas que me han revolcado. Cuarenta minutos.

Departamento Matemáticas I.E.S. Columela dijo...

Me encantó. Mientras te leía te vi: en la playa, en las calles, en tu casa...me encantan tus fuegos artificiales, me alegro de que quieras seguir siendo tu, yo también quiero que lo sigas siendo.

Loulou dijo...

Se extravió el último anónimo, con lo bonito que era. Que vuelva.

Loulou dijo...

Ains: no me queda otra que ser yo, quiera o no quiera. Gracias por imaginar cositas al leer, así sí que mola escribir.