domingo, mayo 15, 2011

La realidad sin pasar por el tamiz del celuloide

Los troncos torcidos de los árboles profusos, ese sentido de las cosas que están pasando mientras están pasando, esa vez de esta noche en la que dentro de una furgoneta el chófer asistente enfermero secretario amigo hermano del dueño del burdel nos recorre las calles del DF con la música muy alta (te vas te vas te vas pero de alguna manera me habrás de recordar) y apoyada en la luna obligatoriamente subida ves los puestitos abiertos en las veredas a cualquier hora del día o de la noche, ves ese mundo desordenado y sin reglas, sin permisos requeridos para colocar mesa, sombrilla y fiambreras para venderte comida innoble, las bombillas colgadas de los árboles salvajes, las calles muertas o ruidosas por cuadras, los hombres gordos y las mujeres entaconadas subidas a un vértigo, yo envasando los recuerdos para luego, cuando ya haya pagado el derecho de ciudad y sepa cuáles son mis calles y cuál la salsa de mis tacos, yo agarrándome a las cosas únicas que pasan sólo una vez, agarrando de los pelos al espacio México, llegando al burdel, sentándome en los sillones tapizados con una tela que es un horror, mirando a una hermosura deslavazada desnudarse despaciosamente agarrada a la barra metálica con un asombroso hasta las lágrimas Frente a frente de música de fondo, sorbiendo mi tequila, trepándome al vaivén del absurdo de estar ahí, en un poco convocador de sensualidad burdel mexicano, frente al dueño enfrascado en un sillón igual al mío, con su guayabera blanca y su cordón de plata al cuello, viéndolo cómo posa con actitud de propietario la palma de su mano en los muslos de las chicas que lo saludan y le cuchichean en el oído al pasar encima de sus tacones increíbles para luego ir a sentarse con los clientes a charlar durante horas cual geishas desvestidas muy venidas a menos. Y luego cuando salimos a la calle que arriba la luna gorda y amarilla entrevista a través de trescientas toneladas cúbicas de smog sea la luna que se encamina a ser mi primera luna llena mexicana, la vomitadora de promesas de posibilidad a manos llenas, de la vida de la única forma en que la entiendo: sensual y lenta subida al escenario mostrándose, queriendo que yo le coloque la mano en el muslo ganadera y la vuelva mansa para no tener que acompañarla en sus desmanes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Holla su espacio online es muy hermoso,esto es la tercera vez que vi tu pagina, buen espacio!
hasta