domingo, junio 12, 2011

Lo apacible nunca desatormenta

Le doy la vuelta completa al Parque México de un extremo de Michoacán al otro porque de noche aún todas las calles me parecen pardas, le paso a la milonga primero por un costado y luego por el otro, me acojo a la extrañeza acogedora del tango sonando en el DF, refresca un poco bajo los árboles y me abrazo los brazos libres por fuera del vestido azul cobalto; y de pronto, realmente de repente, las luces chic de los restaurantes chic y el resto de las cuadras desiluminadas, o el verano americano o el puestito de los tacos me hacen acordarme de que verdaderamente estoy en México, de que tengo la llave de una casa mexicana como mía en el bolso, de que desayuno huevos rancheros o chilaquiles con café o chocolate caliente, de que pulvericé los límites después de andar llorándoles sus paredes, llanto peristalsis. México entero es el túnel de Real de Catorce, es mi propio parto de mí misma. Que venga derecho, me pido. O no le pido nada más que esté ahí afuera y que de cuando en vez yo me dé cuenta de contra qué veredas de qué país atentado contra sí mismo me ando, en las señales de los camellones de Nuevo León que advierten de los cables de alta tensión sobre tu cabeza como para que no disfrutes del paseo, o en los carteles del metro que enlistan con detalle los detalles de los abusos tocamientos a los que te pueden someter cuando entres al vagón, en esa continua ansia del país por anidarte al corazón una peligrosidad que luego sólo adviertes en los camiones del ejército apuntando metralletas en las carreteras de mucho más al norte o en los crímenes horrendos que llegan en eco desde ese mismo norte, mientras que el México mío son los mexicanos míos que cuando me saludan me dan un beso y me aprietan fuerte fuerte contra el pecho y después me llevan de paseo.

1 comentario:

La Piedra Imán dijo...

¡Que curioso, visto desde este rincón galaico, al noroeste de España, resulta tu comentario sobre la violencia!.
Según la construcción del mundo que fabrican las noticias, Mexico es una especie de Beirut sin bombardeos, donde las balas mafiosas impiden poner un pie en la calle si no es para morir.
Las compañeras de trabajo con las que tomo el café de media mañana que es normativo en el mundo laboral de España, se ríen de mi cuando digo, para librarme de esa fabricación del horror; "¿Mil muertos en en terremoto en China?...bueno, China está muy lejos."...Pero la cosa es que voy exagerando el mecanismo, primero si no es en Europa, luego si no es en España, y si no es en Galicia, y al final, lo que no pase en Oleiros, me importa un bledo. Es broma, claro. Pero no del todo.
Sé feliz. Y no tengo más que decir (¡mentira!)